JUAN GABRIEL Y LO IMPORTANTE

La Manipulación de las Masas a través de la Emoción

Por Juan Carlos Poó Arenas

Martes 6 de Septiembre de 2016

Al leer un par de twitts que subí el día de hoy en relación al homenaje realizado a Juan Gabriel en Bellas Artes a una semana de su lamentable deceso,  una amiga me invitó a externar mi opinión en relación a -expresado con enojo en  sus propias palabras-, “la atención que se da a este personaje y no a lo importante”.  Cuando intenté dar respuesta concreta a su pregunta, me vi inmerso en una serie de ideas que preferí incluir en este espacio más accesible para su lectura.  Así bien mi querida Claudia, pienso lo siguiente:

04082011juangabrielBueno, en realidad Juan Gabriel era (sigue y seguirá siendo) muy admirado por justas y merecidas razones, lo debo de admitir, admirar y aplaudir. La verdad sí lo admiro, lo respeto y lo recuerdo con cariño, aunque no suba fotos de él ni con él a mi Facebook ni al Instagram ni al twitter.  Pero, mis razones no son necesariamente las de todos y a la vez sí lo son. Comparto y no comparto. Mi perspectiva no es la mejor, pero es diferente.  Razones basadas primero en la carrera que eligió, porque es una carrera que se ve en todos lados y por todos. Se exhibe. Y deja lana a muchos. Si Alberto Aguilera hubiese sido matemático con el mismo nombre y mismo talento para los números que para las letras e interpretaciones musicales, nadie sabría de su existencia en México y ayer habríamos podido circular todos de manera normal y Bellas Artes no se habría llenado de tanto mamón exhibicionista de traje y vestido (no todos aclaro) ni de tanta chusma morbosa que prefería la selfie o el souvenir tomando con su smart phone (gran palabra) la “pic” de la urna en vez del llanto sincero. Ya saben, la tecnología que se le dio a las masas para que nunca aprendan a usarla y de paso olvidar como usar la cabeza, de lo contrario, serían muy peligrosas.

De la admiración popular por Juan Gabriel es causal su talento, su terquedad, empeño y visión de frente, la de lo que deseaba ser. Y no la de lo que otros querían que fuera.  Llegó a la fama y murió joven en ella. Su trayectoria de tantos años y tantos éxitos musicales lo avalan. No escribía sinfonías; sería de necios criticar eso. Escribía letras pegajosas, populares, simples, sencillas y sinceras, que podían bien acompañar al intelectual en un trance febril de fiesta en boda como al albañil en sus desamores o como al snob en sus borracheras. Algunos lo tachan de iletrado. Pero compuso un chingo de letras que nos han acompañado por la vida a donde vayamos, queramos o no queramos.

Sus inicios cobraron importancia por el éxito de su carrera y la fama adquirida, (si no, esos inicios no serían importantes para nadie).

Su entrega y esmero lo llevó a la superación de sí mismo primero y de otros después. Le dió chamba a muchos. Le dio nombre a otros y resucitó hasta los muertos. Sí, hizo milagros.

Cobró importancia por los logros alcanzados que vieron todos ya que si no los hubiera alcanzado no se habrían visto, y su entrega y esmero le habría valido madres a todos esos que dicen poder ver, como sucede con la mayoría de los talentos ocultos, pues esta pinche sociedad no premia el esfuerzo, ni las ganas ni el talento. Solo la fama y la fortuna.

Juan Gabriel, Alberto, idealizó a su madre y la inmortalizó con una canción como Juan Diego a la Virgen con el famoso manto. Así, de ser solo un cantante se convirtió en hijo ejemplar para todas las madrecitas mexicanas, y dicha imagen fue explotada al máximo por la parafernalia publicitaria.

Por eso hoy todo mundo quiere subir fotos de ocasión obligada donde aparecen retratados con Juanga. Hoy se sienten chingones por verlo y tocarlo. Por tenerlo de cerquita aunque haya sido un segundo y aunque al pobre se le fuera el avión, o se le enfriara el café, o se le colara un aire al enfriarse después de tanto sudor. Hace treinta y cinco  años o cuarenta años si hubiese habido redes sociales, muchos hombres ni se habrían atrevido a publicar fotos con él por no ser tachados de fanáticos “jotos” y algunas de las mujeres “elegantes” que aparecieron ayer en Bellas Artes haciendo guardia ante la urna, y otras muchas admiradoras de la “alta sociedad” tampoco se habrían atrevido por no ser tachadas de “nacas”. Antes no era tan famoso. Hoy sí. Hoy es emblema, antes nada. Para ellos.

Su innegable carisma es reconocido por casi todos gracias al éxito,  la fama y la fortuna, ya que de no ser exitoso, famoso ni afortunado, para muchos y muchas en vez de ser un gran señor homosexual, habría sido considerado un simple “putenque”. De no ser famoso ni afortunado no le llamarían “El Divo de Juarez”, sino “Juana la Loca”. Esa es la hipocresía que conlleva la admiración por la fama. No se respeta al ser humano, solo su grandeza social.

Su derrota gay al machismo de las voces rancheras fuertes y a los machos muy machos, también es innegable. Daban ganas de besarlo aunque el bigote estorbara a muchos, según dicen.

Su sublime delicadeza de apariencia alegremente triste despertaba la ternura femenina tanto como la masculina (sin importar preferencia sexual). Su voz era delicada y sus pensamientos simples. Pero dentro de esas aparentes y delicadas  ingenuidad y simpleza, Juanga era cabrón. Sabía cómo responder y no era nada… nada pendejo. No caía en trampas ni se andaba con mamadas.

Sus desplantes y excentricidad tendiente a lo afeminado, sacaron del closet a un chingo de imitadores puñales, semipuñales y nada puñales que preferían vivir la vida de él que la propia, porque en un mundo, y más cerca hablando en un país donde encontrarse a sí mismo es muy difícil y casi casi prohibido, es mejor creer ser que ser, y vivir a la sombra del árbol te puede dar una manzana y te evita el riesgo de sembrar semilla propia. Además, sientes que la máscara te queda, aunque te quede grande. Imitar para triunfar es como el botox: crees que te ves bien, pero te ves de la chingada.

Razones para admirar son su prolífica obra que extiende tantas canciones que han cantado tantos además de él; sus errores y aciertos bajo aprendizaje autodidacta en todo: música y tablas, producción, negocios, billete. Su polifacética carrera exitosa en todo (productor, compositor e intérprete). Y mucho más. Si, Juanga es Juanga. Aún después de muerto. Hizo obra y su obra habla por él. Su muerte es importante sí, muy importante, pero para él y los suyos. Para la música, para quienes trabajaban con él. Para los que le querían. Para quienes ayudaba. Para quienes componía.

Me preguntas amiga, por qué tanta atención a Juan Gabriel y no a lo importante. Yo pienso que por varias razones, y aunque no esencialmente en este orden, te comento diez que creo pueden ser la causa y tal vez algunas de ellas parezcan acertijos:

Uno. Porque Juan Gabriel era importante, pero no tanto para el pueblo como al pueblo se le hace creer.

Dos. Lo importante para el pueblo en realidad no es importante para el pueblo. Y el pueblo considera más importante lo que en realidad ni le viene, ni le va para no tener que darle importancia a lo importante.

Tres. Pienso que el pueblo llora a Juan Gabriel porque es más fácil llorar a otros que llorarse a uno mismo.

Cuatro. También es más fácil admirar los logros de otros que luchar por los propios. Es como tener un couch de vida que te echa porras y te pone ejemplos y regala historias de triunfadores para que te des cuenta que en tu miserable existencia tendrás que conformarte con creer que puedes lograr lo que otros han logrado sin sufrir, solo con desear. El falso ¡Sí se puedeeee….sí se pueeede! No creo que Juanga haya tenido un couch life de full time…¿o sí?. Consejeros y amigos sí son necesarios. Pero también dolor y sacrificio. Ayyyy dolor. Hay dolor. ¡Mejor que se sacrifiquen otros por el bien común!

Cinco. El imaginario social es para las masas. Una idea colectiva es más sencilla de aceptar que una propia. Siempre. O sea, o le vas a un equipo o le vas a otro. O le rezas a San Judas o a la Virgen. O lloras a Juangabriel o le mientas la madre a Donald Trump. Pero ¡ay de ti si no haces lo que los demás!

Seis. Para el pueblo (la masa) muchas veces las pérdidas son más importantes que los encuentros. Para muchos individuos también. La pérdida te da seguridad de permanencia. Por eso, Juan Gabriel vive… en el corazón de todos los mexicanos.

Siete. El pueblo no sabe elegir sus causas y es fácilmente encausado a las causas de otros.

Ocho. Recuerda que cuando un árbol cae, puede dar leña para rato. Algunos “artistas” aprovechan la oportunidad para intentar reavivar sus carreras. Otros para vender más discos. Algunos empresarios para hincharse de lana. Los anunciantes en los medios para publicitar sus productos con altos raitings. Los medios para vender  espacios publicitarios más jugosos a sus anunciantes. Los políticos para hacer política de emociones. Reporteros y conductores de espectáculos para mantener presencia invadiendo “nuestros hogares mexicanos en todo el mundo”. Noticiarios para vender lo que saben vender.  Y todo ello, para vivir de la muerte de Juan Gabriel, requiere la manipulación de masas. Y las masas son manipulables. Es fácil.

Nueve. A las masas les gusta mantenerse ocupadas en actividades pasivas, comunes y expectantes. Es como ver un partido de futbol o de tenis o golf. Los momentos de emoción resultan insignificantes tras la interminable espera, pero aún así el imaginario colectivo piensa que “valió la pena”.   Por eso, otro fantasma rondó la importancia del largo y lento recorrido de procesión fúnebre de Juanga. La Publicidad, que resulta en ventas.

Porque  santo que no es visto no es adorado y el show da Presencia de marca, no solo la de Juan Gabriel que  incrementará las ventas de sus producciones hechas y por hacer y el precio de sus letras. También la de otras marcas. Por ejemplo las presencialmente activas: ¿Quién no se chutó esa experiencia vivencial con el logotipo de Galloso en ese Mercedes Benz (perdón…¿dije alguna marca?) que llevaba  los restos de Juanga en un recorrido interminable que ocasionó un tráfico de la mierda? Alguien vió las cenizas… la urna. NO. Pero las marcas ¡SÍ! De igual forma se vieron en primer plano ya dentro de Bellas Artes las 500 rosas de LUIS MIGUEL. Si yo enviara rosas de corazón, no pongo mi nombre. Pero si quiero presencia, DE MENSO NO LO PONGO. Hacer esto requiere de la expectación, que también es parte de la manipulación de masas. No es lo mismo ver por TV un recorrido de 5 minutos por helicóptero para no generar caos que tres horas el mismo pinche auto Mercedes de Galloso. La urna NADIE LA VIÓ. Pero todos nos sentimos parte de la historia apareciendo al día siguiente en las primeras planas de la prensa internacional que decían: “Cientos de miles de espectadores presenciaron el acto”…ESPECTADORES, así es como le gusta ser a la mayoría. De ahí la importancia.

Diez. Para el pueblo, lo importante no es prioritario. Por eso, para el mexicano masa, la muerte es más importante que la vida. Por ejemplo,  si tu abuelita requería ser hospitalizada de emergencia y el hospital más cercano te obligaba a trasladarte por Eje Central, Circuito u otra avenida congestionada, se te pelaba. Porque para la poli, el Gobernador y el pueblo,  el show era más importante que tu abue, aunque el show generara inmovilidad.  Así, te convenía más seguirte hasta Bellas Artes y hacerle creer  a tu viejecita que las 500 rosas de Luis Miguel eran para ella. Y disfrutar el evento, pues con o sin ella, la función debe seguir. O como dicen en mi rancho: El muerto al hoyo y el vivo al pollo.

Juan Gabriel sin duda merece ser recordado. Pero, ¿extrañarlo? Veamos:

Para  aquellos que tanto dicen que lo extrañan yo preguntaría solo unas cuantas cosas: Juan Gabriel, Alberto Aguilera: ¿Era bueno con los niños? ¿Era bueno con las personas? ¿Era bueno con los animales? ¿Era bueno con sus hijos, con sus amigos? ¿Era bueno consigo mismo? ¿Qué hacía además de componer, cantar y producir? ¿Qué comía, qué bebía, qué leía, qué soñaba, qué esperaba, qué platicaba? Después de un concierto, ¿qué pensaba, qué sentía?

Si conocen la respuesta, seguro merecen extrañarlo. Si no la conocen, lo que extrañan es solo una imagen implantada en sus cerebros por los medios de comunicación, esos que generan adicción al consumo de emociones; esos que los vuelven consumistas; esos mismos que les implantan la idea de que es mejor vivir la vida de otro que la vida propia y esos que, ya preparan más homenajes este año y el homenaje de aniversario luctuoso del año entrante para ganar mucha lana de patrocinios, lana salida del corazón de todos los mexicanos  con un marcapasos llamado “raiting”.

Así que, hasta que la emoción se agote y deje de latir, tendremos Juanga para rato.

Descansa en Paz Alberto, te dejen o no te dejen. O parafraseándote, si no te dejan que mal. Y si te dejan…pues que mejor.

Y ojala que a los vivos nos dejen circular por esta Ciudad de México con tan renovado nombre pero con tan viejas manías de inmovilidad vehicular.

Por cierto, los twitts fueron así:

Propongo que Eje Central se llame Av. Juan Gabriel. Así el pinche tráfico nos recordará con amor al ídolo nacional y no con estrés a la CNTE

Ayer desperté, desayuné, comí, cené y hasta dormí con Juan Gabriel. ¿Habré salido del closet gracias a la prensa y TV?

 

Juan Carlos Poó Arenas

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