EL BUEN MEXICANO

¿QUÉ ES SER UN BUEN MEXICANO?

15 de septiembre 2016 /  Por Juan Carlos Poó Arenas

licencia-papa-1965-bajaHoy me encontraba revisando con nostalgia algunos de los tesoros de mi padre con los que me quedé cuando él falleció en 2011 y me detuve un rato en esta, su licencia de conducir de 1965, que me recordó una anécdota muy para estas fechas septembrinas sobre la idiosincrasia de algunos mexicanos.

Hace unos cuarenta  años, por allá en los 70´s, mi papá –en aquél entonces con 45 de edad- discutía con un agente de tránsito que lo detuvo injustamente alegando que se había pasado una luz roja. Intentó extorsionar a mi papá amenazando con multarlo en caso de no arreglarse in situ esperando que papá por evitar el pago de esta respondiera con un soborno. Sin embargo, mi papá se negó a ofrecerle ni un centavo al corrupto oficial de tránsito y lo invitó a remitirlo ante el tribunal correspondiente, negándose a presentar ningún documento por tratarse de una estafa, Ante tal situación, como mi padre no se dejó apantallar  y a sabiendas de que esto representaría encarar la acusación de mi padre ante autoridades superiores y la pérdida de tiempo que esto le representaría para realizar otras extorsiones, el oficial optó por dejar tranquilo a papá, no sin antes decirle:

̶  ¡Uuujule patrón!… Usted se siente mucho porque es güero y de ojo azul. Se la voy a dejar pasar por hoy, pero mejor ya regrésese a su país, porque aquí ustedes ya no mandan.

Cuando llegó a casa, papá nos comentó lo sucedido y muy molesto nos dijo:

̶  Este tipo de personas siguen creyendo que los de ojos azules no somos mexicanos, cuando en realidad somos más mexicanos y mejores mexicanos que ellos. Además, están tan acomplejados con ese sentimiento de inferioridad que nos siguen llamando “patrones” como si fuéramos sus jefes. Y para colmo, todavía me dejó ir como si me estuviera haciendo un favor…

Supongo que mi papá debió haber rematado la frase con un sonoro y sentido  “… ¡Pendejo!” Y si no, que me disculpe. Tal vez al escuchar su narración mi mente completó la idea de papá. Bien, entonces como si lo hubiera dicho. Posteriormente se acercó a un espejo, se observó la cara con detenimiento de arriba abajo y se preguntó a sí mismo:

– ¿Güero?… ¿Acaso soy güero?

En ese entonces yo tenía 15 años. Hoy en día, las cosas no han cambiado nadita de nada.

Mucha gente, sobre todo en ciertas zonas y lugares como mercados, pueblos, barrios y transportes públicos, incluso dentro de la ciudad, aún  me observan como bicho raro y otros ya en confianza me preguntan ¿Y usted de dónde es? Claro, por supuesto no me molesta pues me confieso güero y de ojos azules y es natural que exista quien se pregunte de dónde proviene mi raza.

Lo que verdaderamente me molesta e incomoda es que haya quienes se atrevan a inferir mi nacionalidad y cuando me acerco a un puesto de mercado me ofrezcan un reloj con la bandera británica diciendo “…mire, este tiene la bandera de su país”, o me pregunten en un taxi aludiendo a las olimpiadas “…¿y cómo le fue a sus compatriotas alemanes”, o me pregunten confundidos sobre el color de mis ojos y al responderles que azules me digan “…uyyy, qué presumido”.

No falta quien me comente antes de conocerme que “también tiene un sobrino, nieto, primo o tío de ojos claros y güero”, como intentando introducir la conversación mediante la identificación racial, presuponiendo que le doy mucha importancia a esas idioteces y denotando un evidente, centenariamente heredado y tradicionalmente asumido complejo de inferioridad y menosprecio hacia sus propios y valiosos rasgos étnicos.

Debo confesar que el color de mis ojos, la tez blanca y el cabello tempranamente rubio y posterior castaño claro -aunado a mi personalidad y actitud quiero suponer-, me ha abierto las puertas en infinidad de ocasiones aquí en México, pero también me las ha cerrado, pues el racismo y el clasismo siempre van en dos direcciones.

Por ejemplo, me corrieron alguna vez de Televisa (de las dos veces que me corrieron de ahí) por mi falta de sumisión y obediencia a políticas con las que no comulgaba. Uno de mis jefes directos, al mandarme derechito a la chingada, suavizó la despedida con estas palabras:

̶  Ni te preocupes JC, las puertas se te van a abrir en cualquier lado. Eres güerito, galán, de ojo azul, simpático. Pero no intentes cambiarlo todo porque a muchos que llevan haciendo su chamba de una forma después de tantos años no les caes bien. Tú sabes. Hay muchos productores y directores que no te quieren aquí. Les quieres cambiar una forma de pensar que pues, ya no se puede. Mejor para tu siguiente chamba adáptate a las normas. Y no te lleves de a cuartos con la chava que le gusta al que paga porque ahí se te reviran esas virtudes y eso sí está cañón. Se buena onda pero no tanto. Te va a ir bien”  ̶  me dijo, y como a las palomitas para que solitas se vayan a la chingada, me hizo “¡Ashoshó!

Y sí,  me fue muy bien. Un día, aplicó la ley del subibaja y les tocó irse a ellos. Fue cuando me llamaron de nuevo que me acordé de mis ojos, de mi cabello güero  pero sobre todo de las palomitas…  y les dije “ni maiz”.

Ejemplos de lo bien y mal que me ha ido por mis ojitos en México hay muchos. En los 70´s, 80´s y parte de 90´s los modelos güeros dominaban en la publicidad. O sea yo era un estereotipo (lo digo con sarcasm). Más tarde, cuando los anunciantes y publicistas se dieron cuenta que sus mercados no eran solo güeros, dejaron de ponerlos como ideal aspiracional y comenzaron a contratar más latinos. O sea dejé de estar de moda y las chavas se inclinaban más por los morenos de fuego que por los pambazos. Los machos alfa latinos ya no te veían con tanta rivalidad. Algunos empleadores me contrataban por mi talento y otros por mi presencia, de acuerdo a sus necesidades y de acuerdo a las mías. Si se trataba de ver clientes iba yo por delante. El estereotipo del conquistador prevalecía y se hacía más latente cuando los complejos afloraban. Pero también el instinto independiente (ese de la Independencia de México de casi nadie sabe de quien se independizó) afloraba y entonces yo era un usurpador. En fin.

Como cualquier ser humano en etapa de desarrollo, confieso que antes de asumir una personalidad propia, quería parecerme a otros.

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A los 7 años mi mayor sueño era ser como Pedro Infante (TODAVÍA) y aunque él era moreno y yo güero, en mis fantasías YO ERA PEDRO INFANTE.

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Luego, como a los 10 años, YO ERA TARZÁN, como Ron Ely. Y aunque él medía más de 2 metros y yo menos del uno y medio, éramos güeros y de ojitos azules. Y gritábamos igual. Y nos gustaban los animales. Él andaba desnudo por la selva y yo por la casa.

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De los 11 a los 13 era JIM WEST (Robert Conrad). Medíamos más o menos lo mismo, éramos intrépidos, inteligentes, seductores (yo pensaba eso aunque jamás había besado a una niña) y yo quería tener un cuerpo tan atlético como él.

Luego, ya de adolescente fui mis cantantes favoritos. Gino Vannelli, Andy Gibb, Glen Campbell, Barry Manilow, Peter Frampton. Quería ser todos y lo logré. En mi cabeza siempre interpreté diferentes personajes. Y aún hoy en día lo hago a través de mis fotos. Es algo con lo que vivo. Es parte inherente en mí y del desfogue de mis pensamientos; algo de mi obsesiva compulsividad creativa. Sin embargo, a diferencia de antes, hoy no soy ellos, pues hace mucho tiempo descubrí que puedo jugar con diferentes personalidades como disfraces, pero a través de una sola y propia  identidad.

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Juan Carlos Poó / Autorretrato / sept. 2016

Los cambios que experimenté antes de asumir y poseer identidad propia, son normales. Pero se dan en una etapa de la vida en la que el autoconocimiento se adquiere a través de la experiencia. Y es normal que esos cambios se den también en una nación. Lo que no es normal es que la primera etapa de imitación persista y no llegue el encuentro de la identidad. Porque la identidad no es el pasado, como intentan embutirnos en los libros de texto. La identidad se da en el presente.

Sin embargo, infortunadamente el imaginario colectivo de muchos mexicanos les hace asumirse como conquistados pero independientes. Como independientes pero globalizados. Como globalizados pero alienados (y más con la promesa del muro de Trump). Y al estar alienados, se asumen como entes solitarios en compañía obligada que deben a toda costa defender sus raíces, historia, costumbres, creencias y tradiciones  aunque desconozcan de donde derivan estas. Por eso el grito les importa como festejo y no como reclamo. Porque reclamar es desconocerse como lo que otros han querido que se vean. Por eso es mejor mentarle la madre al imbécil de Trump que hacer un voto de silencio tendiente al reencuentro presente de una identidad perdida en el pasado. Por eso piensan que ser mexicano es chingón, aun cuando estemos jodidos y aun cuando en realidad hay de mexicanos a mexicanos.

Ser güero de ojo claro te abre y te cierra las puertas en un país cuya gente está acostumbrada a notar y marcar las diferencias, pero también acostumbrada a basar su autoestima en la dualidad conquista-independencia. Porque muchos mexicanos se sienten conquistados pero a la vez independientes. Y su baja autoestima les hace festejar por el pasado y no luchar por el presente. Les hace quejarse pero no reclamar. Les hace manotear pero no exigir que las cosas cambien y mejoren de una vez por todas. Chillar y gritar. Esa es la historia de muchos mexicanos.

Así pues, en muchos lados la poca autoestima étnica de muchos “mexicones” (sí, inventé la palabra “mexicones”) se hace presente a través de un comportamiento social que yo llamo pasivo agresivo positivo  en unos casos; en otros pasivo agresivo negativo, en otros solo pasivo y en otros agresivo activo.

Por eso para muchos es el ¡VIVA MÉXICO CABRONES!, mientras para otros es …¡VIVA MÉXICO PATRONES!

Pero ser mexicano no es ser buen mexicano, como expresé anteriormente.

Ser buen mexicano es no tirar basura ni en la calle, ni en el rancho, ni en el río, ni en el lago, ni en el mar, ni en el campo o la selva.

Ser buen mexicano es no ser corrupto ni corromper. Ni tampoco aceptar la corrupción de los que corrompen o de los corruptos.

Ser buen mexicano es hacer algo por tu entorno ambiental. Sembrar un árbol, una planta, regar lo que no es tuyo. Alimentar un ave. Recoger la basura que no es tuya. Influir a los demás de manera positiva.

Ser buen mexicano es no contaminar. Ni con tu auto, ni tu camión, ni tu motocicleta. Ni con pirotecnia. Ni con ruido.

Ser buen mexicano es saludar a tus vecinos. Respetar a los demás. Dialogar con ellos. Escucharlos también.  Sonreir a la gente.

Ser buen mexicano es importarte más por un ser sin hogar que por el ganador del partido de futbol.

Ser buen mexicano es no festejar cuando la desgracia atiende a otros y también te carga a ti.

Ser buen mexicano es actuar para mejorar las cosas y no esperar que otros lo hagan.

Ser buen mexicano es hacer algo por alguien que no seas tú o tu familia. Por un perro, un pordiosero, un niño sin casa.

Ser buen mexicano es amar a tu familia y ser fiel a ellos, y no andar de cabrón o cabrona derramando la riqueza que a ellos corresponde en excesos y desmadres.

Ser buen mexicano es valorar y apreciar a las personas por lo que son y por lo que hacen, y no discriminarlas por su raza, color, religión, preferencia sexual o ideología.

Ser buen mexicano es no permitir tiranías de nadie. Proteger a los débiles y derribar a los infames.

Ser buen mexicano es enseñar y orientar siempre a tus hijos hacia el respeto por los demás, por la demás gente, sea de la nacionalidad que sea; hacia el respeto y buen trato a los animales; hacia el respeto y cuidado del medio ambiente; hacia el respeto por la naturaleza; y hacerles ver que respetar todo ello es la base para el respeto por sí mismo y respetarse a sí mismo es respetar también lo demás. Uno depende del otro.

Así, ser mexicano es solo una cosa. Pero, SER BUEN MEXICANO son muchas cosas a la vez.

JuanCarlosPoó-Bandera1APor eso, cuando veas el color de mis ojos, o de mi piel o cabello, no preguntes si soy mexicano. Mejor pregúntame si soy un buen mexicano.

Y a pesar de que no soy perfecto y cometo y seguiré cometiendo miles de errores –diferentes porque cometer el mismo es de pendejos-, te diré:

Soy    Juan Carlos Poó Arenas    UN BUEN MEXICANO.

Y si queremos que Viva México …¡HAGÁMOSLO VIVIR!

Carta póstuma a mi querido maestro de la infancia, Don Luis Solíz Castillo, a un día de su partida.

Ciudad de México,  a 16 de Agosto de 2016.

Querido maestro, Don Luis Solíz Castillo:

Colage Escolar La Salle 1 bajaLos primeros 9 años de mi etapa escolar siempre estarán llenos de los más gratos recuerdos y anécdotas, en gran medida habitados por usted.

Sus consejos y apoyo forjaron mis primeras figuras de autoridad y respeto (con las de mis padres) y junto con los de otros extraordinarios guías, como el Sr. Enrique Cepeda, mi profesor de 4o. grado que motivó y acompañó mis primeros pasos al éxito del mérito logrado por el esfuerzo y dedicación con ese inolvidable concurso de poesía que redundaría en mi aplicación para conducir el noticiario de televisión; el Sr. Fabila, extraordinario directivo cuyos jalones de patilla aún recuerdo con gran cariño llevando mis manos aún a esa zona junto a la mejilla; la Miss Coss, quien acompañó mis pasos por segundo de primaria con ese cariño de abuelita y que me llamó la atención con gran seriedad cuando corrí el rumor de que el amor y la minifalda de la miss Jenny de matemáticas me pertenecía solo a mí pues en mi imaginación era mi novia  (y que acabó casándose años después y para desgracia mía con el productor del mismo noticiero infantil de televisión, Miguel Barragán); mi maravilloso maestro de Español y amigo Carlos de Elias quien a fuerza de joder criticando las muletillas como de costumbre y exposición grupal me enseñó los primeros arranques en la oratoria y la poesía; el Profesor Macario Rodríguez quien repetía la palabra “casualmente” tantas veces como nos hacía repetir las lecciones mal aprendidas; el profesor de Historia, Sr. Galván quien nos inculcó con esmero el entusiasmo en el desarrollo de maquetas y las visitas constantes al Museo de Antropología. O el Sr. Alarcón, quien en tercero de primaria guió mi aprendizaje. Cómo no recordar todo ello. Cómo nó recordarlos a todos. Cómo no hacerlo, al recordarlo a usted.

Vivió en la época en la que los profesores eran llamados meritoriamente maestros y no solo como sobrenombre; una época en que los maestros no temían a los padres de sus alumnos. Un tiempo en el que no pesaba más una amenaza de demanda por padres intolerantes que una reprimenda a tiempo hacia el alumno. Esa época en la que el mayor miedo de los buenos maestros era descuidar el buen cauce de sus alumnos hacia el camino correcto. Vivió y nos dio a crecer la época en la que los alumnos importaban más que las plazas. La época en la que el consejo a un niño ajeno era más importante que la indolencia y el desinterés. Los días en que ese niño ajeno era apoyado como a uno propio. La época en la que ser maestro era cuestión de tiempo completo y no de cubrir horarios.
Vivió en esos tiempos en los que los niños crecíamos con ejemplos de disciplina, entereza, principios y voluntad. Vivió esa época en la que los maestros creían y se esforzaban por ser esos ejemplos de disciplina, entereza, principios y voluntad.

Vivió esa época, porque usted y otros como usted la forjaron.

Usted vivió diabluras; botes de basura quemados en el patio. Bromas de estudiantes. De jóvenes y niños. Primero varones; eramos unos salvajes, la época que tocó a mi infancia. Luego, la carga se adicionó con mujercitas. No quiero siquiera imaginar la lata que le dieron unos y otros. Pero sí imagino su siempre templanza y firmeza y esa rigidez asumida por su investidura que disfrazaba su nobleza y bondad.

¡Ahhh! Sr. Solíz. Siempre tan propio. Siempre tan firme. Siempre tan entregado.

Imposible sería decir que conocí al hombre porque conocí al maestro, pero en el maestro descubrí una de las facetas más importantes del hombre.

La imagen residual que queda de usted en mi memoria es cuando tenía 33. Yo tenía algo así como 10 u 11. Aunque lo conocí desde mis 8. Por ello siempre usted será joven en mi memoria, aunque tal vez menos de como lo es usted nuevamente ahora.

Quien hoy como profesor y guía se esmere como usted y otros que lo hicieron conmigo, aseguro será uno de los tesoros más grandes de cualquier niño o niña, y con valores bien cimentados de principio, el futuro tal vez resulte más alentador.

Desconozco cuál fue el camino y sentir de su partida. Ese es único para cada uno de nosotros. Solo lamento no haber estrechado nuevamente su mano, brindarle un abrazo y desearle de boca a corazón ese buen viaje que ahora le deseo y que seguramente ha alcanzado en la infinita sabiduría de este Universo al que pertenecemos, en el que seguramente permaneceremos unidos y donde seguramente nos reencontraremos nuevamente cara a cara, espíritu a espíritu.

Hoy, dejó de tener el solo término de maestro y al hablar de usted, lo referiré siempre como mi amigo.

Sr. Solíz, queda usted presente hasta la muerte propia en mi memoria y en mi corazón, como uno de los pilares fundamentales de mi desarrollo como hombre y como ser humano.

Envío un beso a su familia. Y otro que no tuve oportunidad de dar para usted.

Gracias, amigo.

Juan Carlos Poó Arenas

ANECDOTARIO de Juan Carlos Poó

Épocas y Recuerdos de J.C.Poó

     Una de las cosas fascinantes al tener un promedio de vida de 80 años es la manera como los seres humanos vamos cambiando física y mentalmente adaptándonos al entorno, a la época y a las circunstancias, entre otras cosas. Aceptar esos cambios es muy importante para seguir adelante y valorar lo bueno de atrás. El físico si lo vemos de una manera materialista y social, es factor que a todos preocupa. Pero si lo vemos de una forma real, vale madres. Lo importante es lo que aprendemos y como lo empleamos para con nosotros y con los demás. No seremos jóvenes por siempre, así que a disfrutar la magia de cada época y a seguir cometiendo pendejadas diferentes, porque cometer las mismas es de imbéciles y necios.

jJC1990 copy 1 OK bajaLa “Selfie” maldita.

Año de 1988. Sabiendo que tenía yo una agencia de modelos, una amiga desorientada me pidió escribir artículos de fotografía para la revista de la que era directora editorial. Pero, me sugirió agregar mi foto de perfil para acompañar los artículos con una cámara para identificarme como fotógrafo profesional. En ese entonces, no existía ni el instagram, ni el twitter, ni el face book, vamos, no existía ni el internet. Por lo tanto, las ahora llamadas “selfies” ni se conocían. Su nombre era “autorretratos”. Como mi primer artículo salía al día siguiente y no había mandado mi foto, me dispuse a tomarme un autorretrato frente al espejo, revelarlo en chinga y llevarlo corriendo (les recuerdo que al no existir internet tampoco existían los correos electrónicos. Tampoco existían los teléfonos celulares ni absolutamente nada de la tecnología de la que ahora disponemos para enviar archivos y a la que empleamos, en general, como simios, a lo pendejo).

Llegue a mi depa y me dispuse a retratarme yo muy acá frente al espejo. Pero andaba medio apendejado y tropecé; el espejo se rompió y pensé ─ “Ya valió madres mi foto”.

Entonces, me acordé del Sr. Yamamoto (que se parecía mucho al profesor Miyagi, sí, el de Karate Kid) y me fui en friega para pedirle un retrato donde saliera con en ese entonces mi cámara Cannon AL-1 (No, tampoco existían las cámaras digitales como ahora). No era automática (de motor, las que hacían “¡shhhhhk!”) sino manual (las que hacían “¡click!”) y de película de 35 mm. Salían muy padres las fotos. ¡Ahhh la nostalgia del grano contra los pixeles de hoy! Salí de su estudio haciendo la caravana típica oriental como un pequeño saltamontes y me fui en chinga a entregarla.

Este es el resultado. Luego dejé de escribir para la revista y la foto se quedó guardada, hasta hoy.

¡Seguro muchos pedirán que se vuelva a guardar!..

JCoficesnangel 2 bajaMi satisfacción como publicista.

Una de las satisfacciones más placenteras que me ha dejado la publicidad, para ser honesto, es no haber cedido nunca en más de 35 años (desde los 19 que tuve mi primera chamba en el medio) a realizar campañas que fuesen contra mis valores morales o buscar ni trabajar para marcas que atentan contra la vida o el medioambiente. En publicidad eso es muy dificil de lograr, porque las grandes corporaciones están tan diversificadas que muchas ocasiones nunca sabes en realidad para quién trabajas. Así que no ceder a la ambición desmedida te saca mucho de ser lo competitivo que quisieras. Esa tal vez es la fórmula más acertada para fracasar en un estricto desarrollo financiero y de negocios, pero también la más precisa para triunfar dentro de los límites que uno se ha planteado y siempre, siempre, poder verte al espejo. Y aunque los otros también se miran al espejo, debo decir que no todos nos reflejamos igual.

JCEsquiando 1 bajaDeportes Extremos

Esta imágen es del día que estuve a punto de romper un record Guiness por ser el hombre que más agua tragó en una sola sesión de esquí acuático. Casi me trago el lago entero. Pero en la foto muy acá ¿no?
Cuando mis piernas se abrieron en split a 35 km por hora y mi cuerpecito santo fue abatido una y otra vez contra el agua rebotando como piedra haciendo “patito”, decidì cambiarme al deporte extremo del “bote pateado”. No obstante, la primera vez que lo intenté fallé y le dí al piso y no al bote, rompiendo mis bellos dedos en partes asimétricas. Creo que fue ahí donde decidí dedicarme a la apacible y tortuosa actividad de escribir. Bueno, primero me dediqué durante años a la publicidad para promover reconocidas marcas pero, por favor, NUNCA LE DIGAN ESTO A MI MADRE, se decepcionaría mucho. La pobre ingenua pensaba que yo era pianista en un burdel.

JC1981albergueita 2 ok bajaAmores Perros

Año de 1981. En el Refugio Franciscano de Ita Osornio. Cuando apenas ella tenía 504 perritos. Después, fue otra historia cuando la sobre población excedió los recursos.   Yo tenía 20 años. Estar con ellos era fascinante. Hoy, mi familia de perros es de más de 30 (eran más pero la edad y el tiempo no perdonan llevándose la materia y permitiendo habitar solo el recuerdo y algo mayor) sin contar los demás animales entre gatos y otras especies que están con nosotros conformando  nuestra familia. Y estoy agradecido por la oportunidad de haberlos rescatado, darles un hogar y poderles atender con nuestros propios recursos económicos. Muchas veces pagando las facturas de otros irresponsables que los han abandonado o que se han desentendido y que jamás conocerán la fortuna y las recompensas de haberlos tenido.   Con ellos he aprendido mucho a canalizar el sufrimiento de las pérdidas y convertirlo en paz espiritual agradeciendo ante todo la comunión, el encuentro, la convivencia y desde luego, la memorial permanencia.

JuanCarlosPoo-Gafetes005 DLa Educación Reprimida

Más fotos para esta nostálgica sección. A los jóvenes siempre se les dice “como te ves me ví, y como me ves te verás“. Así que por favor, no se burlen de mi. Esta imagen  (año de 1981) fue para el diploma por haber cursado satisfactoriamente mis CINCO AÑOTES EN EDUCACIÓN PREPARATORIA, que debió haber sido en tres (siempre me he preguntado ¿Preparatoria para qué?), motivo por el cual la  terminé a los 21 años de edad. Pero tenía mis motivos.

El primero de prepa en vez de acudir a las aulas “que me correspondían” y estar en preparatoria La Salle del Pedregal, me la pasé de oyente en la UNAM en la carrera de Medicina (incluso, debido a mi entusiasmo científico y a mi serio interés por la carrera,  el Director del CEMEFO me permitió asistir a las prácticas forenses a los 16 años, convirtiéndome tal vez, en uno entre millones estadísticamente. Sin embargo, descuidé varias materias del primero de preparatoria que me daban mucha hueva (matemáticas, química y biología) no porque no me gustaran, sino porque no nos servían para nada debido al sistema académico y se convertían en un tedio insoportable. En el caso de Biología,  aborrecía sus prácticas de laboratorio por la experimentación con animales que desde entonces consideraba una estupidez, una crueldad y un abuso indigno de lo que considero LA EDUCACIÓN FORZADA.  

Pienso hoy que si de la secundaria me hubieran aceptado directamente a la carrera de Medicina, me hubiese titulado a la edad que salí de la “preparatoria”. Pero el horrible sistema académico social (aún ahora) sigue exigiendo que cumplas con un arcaico protocolo de enseñanza tradicional que a nadie beneficia, que te mantiene prisionero durante años y que te convierte en un robot de los intereses sistematizados.

En fin, acarrear matemáticas en extraordinario automático año con año (pues no te acreditaban el siguiente ni el siguiente excepto en examen extraordinario) me hizo cambiar de área de interés, cambiar de planes de Medicina o Veterinaria (en ese entonces Área II era Químico-Biológicas)) e irme a Comunicación (Área IV, Ciencias Sociales).

Además cuando repruebas LO QUE NO TE INTERESA, el sistema siempre intenta por todos los medios de hacerte sentir mal por flojo, huevón, o irresponsable. Y simplemente cuando algo no te interesa…NO TE INTERESA. En Publicidad, modestia aparte, he sobresalido pues me apasiona la creatividad y la comunicación desde pequeño,  mi mente es crítica y estratégica, y aunque mi talento ya no lo alquilo tanto como antes, he descubierto nuevas formas de ejercer dignamente mis intereses. Sin embargo, en medicina, seguramente hubiese podido salvar muchas vidas. Por ello, ahora me pregunto…

¿Cuántas mentes brillantes ha olvidado, borrado o boicoteado el sistema de enseñanza tradicional?

A diferencia de lo que muchos han deseado presumir, pienso que no se necesita ser un genio para ingresar a la universidad a los 15 ó 16 años. Se requiere mucho esfuerzo desde luego, pero sobre todo, mucho interés. Y la mayor resistencia siempre será desde luego, de las Instituciones Educativas que te exigirán cumplir con lo que ellos piden, no con lo que tú deseas, lo que tú necesitas o lo que puedes ofrecer. GENIALIDAD es otra cosa, y REFORMA EDUCATIVA también. Una verdadera REFORMA EDUCATIVA sería GENIAL.

pajarito alborotadoEl pajarito alborotado.          Mi primera experiencia con el Bullying.

57 b JC bajaCorría el año de 1969 y mi segundo ciclo escolar de educación básica. A mis cortos 8 años disfrutaba enormemente la compañía de mi único y mejor amigo de aventuras en esos tiempos, el famoso “Pajarito”, y no precisamente el que ustedes piensan, sino mi compañero de clases que por quien sabe qué razones se había ganado ese tan popular mote. Recuerdo que él era bajito, flaco, moreno y usaba anteojos todo el tiempo.

Éramos inseparables amigos y cómplices de risas y travesuras. Por las mañanas el camión de la escuela nos llevaba y desde que yo subía “el pajarito” ya me esperaba con su grata sonrisa. En el recreo nos ingeniábamos siempre juegos de lo más divertido; en el salón nos 87 c HENOS bajasentábamos banca con banca por lo menos mientras nuestra inquietud dormía, pues cuando comenzábamos las bromas la maestra nos separaba y cambiaba de lugar para no mantenernos juntos.  Y por la tarde, nuevamente en el mismo camión, compartíamos las experiencias vividas durante el día. No había nada más emocionante y alegre que ser amigos, “cuatachos de los buenos”.

Pero la amistad tendría que pasar una prueba muy grande que a nuestra corta edad jamás hubiésemos esperado.

Después de meses de vernos juntos y con ese lazo afectivo tan grande que demostrábamos uno hacia el otro, llegó el día en que un grupo de pendencieros de secundaria que viajaban en el mismo camión escolar  comenzaron a provocarnos con la única finalidad de enemistarnos. Nos llamaban “señoritas”, preguntaban “si éramos novios” y nos sometían día tras día a una serie de acosos que verdaderamente ya nos tenía fastidiados.

Después de acosarnos durante varios días, quitarnos el lunch y golpetearnos en la cabeza, el grupo de inadaptados nos presentó una propuesta que difícilmente un niño de 8 años podría evadir: El caso es que o nos partíamos la madre entre “El Pájarito” y yo para demostrar nuestra hombría, o ellos nos darían una golpiza a ambos. Inútilmente tratamos de negociar con ellos. Estaban ansiosos por ver como dos amigos sucumbían ante el temor de sus amenazas.

89 HENOS bajaEn un intento por calmar las ansias de sangre, guiñé el ojo al pajarito y en secreto le dije que debíamos seguirles la corriente para que nos dejaran en paz. Así que le pedí me tirara una bofetada sin lastimarme. Así lo hizo, pero se burlaron tanto de él por la actuación que casi lo hacen llorar. Fue entonces cuando sin previo aviso y lleno de furia, mi amigo, mi mejor amigo, mi único amigo, cerró su puño con fuerza y me tiró tal golpe seco en la cara que me botó al asiento de atrás y me dejó completamente pasmado. La sangre comenzó a brotar de mi nariz y las lágrimas de mis ojos.  No paraba de llorar. Jamás me había pegado nadie y yo no sabía cómo defenderme. Pero lo que más dolor me causó fue escuchar las risas de aquellos niños más grandes cuando vieron que mi mejor amigo me dio la espalda para evitar ser objeto de sus burlas.

Desde luego la amistad entre mi amigo y yo se perdió en la penumbra de ese día, cuando al  pajarito le aplaudieron y de mí se rieron, pues a partir de entonces prefirió darme la espalda  para no meterse nuevamente en problemas con los que solamente deseaban fastidiar a los más pequeños.

51 b JC baja51 a JC bajaAntes de continuar narrando, debo confesar a ustedes  que desde muy pequeño, yo siempre fui -y sigo siendo- casi casi  un santo, pero también desde mi más tierna infancia escuché clarito clarito una voz que provenía del mismísimo cielo y que me dijo al oido:

– Se bueno SIEMPRE …                                 ¡PERO NUNCA SEAS PENDEJO!

Así que, una vez repuesto de todo mal, comencé a planear mi venganza y por supuesto las cosas no se quedaron así.

Cuando las olas se calmaron, tomé varias revistas y catálogos de mamá, de esas en las que se veían mujeres en calzones. Las recorté y llevé los recortes conmigo a la escuela. Una vez en el camión, comencé a distribuir lenceria 60-2los recortes dentro de las mochilas de los principales violentos sin que ellos se dieran cuenta. Ya en la escuela, reporté a la dirección que había varios niños más grandes que a fuerza querían hacerme ver y venderme fotografías de señoras desnudas y que si no lo hacía me pegaban en el camión. Señalé a los dos más gandallas. De esta forma, sus padres fueron citados y al no ser unas peritas en dulce, por lo menos un par de bofetones se llevó uno de su madre y otro un reporte adicional que concluyó con su expulsión del sistema de transporte escolar, pues ya había acumulado otras faltas anteriores.

Foto 078 bajaPor mi parte, seguí con mi vida normal, enfrentándome siempre a nuevos retos y otro tipo de pendencieros y tropezones. Pero siempre enfocando mi mirada en atinarle  a lo correcto, sin meterme en problemas; sin burlarme de nadie y sin permitir que nadie se riera de mí. Por cierto, fue ahí donde comencé mi primera empresa, pues descubrí que los recortes de señoras en calzones le llamaron la atención a más de uno de mis compañeros de transporte, así que continué recortando los anuncios de lencería de las revistas de mi mamá, ya oficialmente como negocio, los pegaba en cartones y se las vendía a peso o a tostón (cincuenta centavos) dependiendo el tipo de calzón y tamaño del recorte…¡Hasta que me cacharon en la escuela!

Pero esa historia la dejaré para otro día.