MALA PRAXIS. Falsos Oradores

Cuidado con los Coach de Vida.

Por Juan Carlos Poó Arenas / 19 de Octubre 2015

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Fotografía / Derechos Reservados Juan Carlos Poó

Una nota de interés para ti sobre los falsos oradores que profetizan verdades que no entienden y que mienten hasta cuando dicen la verdad, haciendo de una tierra de ciegos su insignificante reinado.

Cuando el orador sacó brillo a sus palabras, estas siguieron huecas, pero relucientes, y deslumbraron a todos los ignorantes.

Juan Carlos Poó A.

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     Cuando pienses en contratar a uno de esos  muy de moda Coach life para que te entrenen hacia una vida altamente organizada y productiva, o asistir a alguna conferencia de estas que se ofrecen ya desde hace muchísimos años sobre superación personal, -esas que te hablan del aquí y ahora, del sí se puede o esas que te enseñan cómo tener salud plena o cómo hacer mucho dinero con solo decretarlo (gran palabra) -, te sugiero tomar siempre en cuenta lo siguiente, y de antemano preguntarte quién es la persona que te brinda tan grandes oportunidades y si esta persona ya predica con el ejemplo, o solo vomita de memoria lo poco que ha entendido o aprendido en cursos a los que ha asistido o que ha pagado por Internet.

coach 2La diferencia entre un buen “speaker” y el que no lo es, no se basa en su dominio del lenguaje, ni en su cultura, ni en su saber, ni en la parafernalia que emplea, sino en la honestidad de sus mensajes. Sé prudente en su búsqueda. Sé prudente en su encuentro. 

Quienes buscamos la verdad desdeñamos la mentira, no obstante sepamos que esta es la constante compañía de verdades. Esto está un poco relacionado con su definitiva relatividad a la teoría del caos. Es decir que, para que exista orden debe haber existido caos. Para que exista verdad, debe existir la mentira, y todo en sentido contrario también aplica.

Decía Oscar Wilde que la base misma de la sociedad civilizada es la mentira, pues la finalidad del embustero consiste simplemente en agradar, en deleitar, en proporcionarnos un placer.

En lo particular siempre he pensado que es muy importante distinguir a aquellos que dicen querer abrirte los ojos para en realidad mantenértelos cerrados y que así puedas seguir su guía por el sendero obscuro de la ignorancia con la única finalidad de estar siempre a su alcance, disposición y merced, pues no existe nada más redituable  que la ignorancia. ¿Te suena familiar?  La política, el empleo de la religión –que también es política-; el comercio, la publicidad, la medicina, los espectáculos violentos; las telenovelas, el futbol y cualquier tipo de entretenimiento que fanatice y frenetice al espectador;  hay muchos otros, entre los que se encuentran por supuesto las falsas promesas que generan también falsas expectativas de superación personal y económica basadas en otros también falsos argumentos que, al ser seguidos sin comprensión y como un simple dogma de fe, te generarán -como muchos de los productos cuyos valores y atributos sobrevende la publicidad-, una falsa satisfacción de compra, cuyos intereses pagarás con creces durante largos años, al ver que en realidad NO  PUEDES hacer “todo aquello que te propones”, ni puedes obtener “todo el dinero que deseas”, ni puedes tener “toda la salud que mereces”, ni “todo el amor que ansias”. Y esto es por una simple y sencilla razón: quien te lo afirma, quien te lo dice y quien te lo asegura, no te transmite nada más que una simple noción de una gran búsqueda a la que nos enfrentamos todos, pero nunca te dice el verdadero “¿Cómo?”, no solo porque lo desconoce, sino porque ese implica un esfuerzo mayor a la facilidad que te promete.

Lo único que consiguen, con su Mala Praxis, es generar un satisfactorio emocional  inmediato y posteriormente, ante las expectativas “inalcanzables” de cada individuo,  provocan una enfermiza frustración que ellos no podrán por supuesto manejar ni solucionar en ti ni personal ni clínicamente, no solo porque no están capacitados para ello, sino porque no han podido comprender los propios mensajes que ellos mismos promueven, porque no son mensajes propios, porque transmiten las enseñanzas de otros a quienes tampoco comprenden, porque son simples mensajeros cuya capacidad consiste solo en ello, porque no conocen el verdadero significado de las ideas y porque nunca han hecho una real y verdadera introspección de sus vidas; además por supuesto, porque no les interesa más que su propio e inmediato beneficio personal, que va desde la obtención de grandes sumas de dinero hasta la misma adulación de aquellos que ignorantes, hacen honor de aquél viejo refrán que menciona El que no conoce a Dios, a cualquier pelado se le hinca”.

Es de esta forma que abundan, en todo el mundo y desde que tengo uso de razón y mucho antes y más antes que antes, pero tal vez más ahora que nunca en aras de una imperiosa y absurda necesidad social de crecimiento y competitividad, los grandes maestros de la coach coachoratoria motivacional, los sofisticadísimos cursos de superación personal y los cursos que pretenden forjar “gurús”, avalando mediante espléndidas certificaciones internacionales a distancia el ejercicio profesional de aquellos discípulos que buscan el oficio como “guías de vida”, y que pueden ser estudiados presencialmente o a través de cursos por internet cuyos costos en algunos casos son exorbitantes como es el caso del aparente pero no realmente moderno concepto “Life Coach”.

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Desde luego También se encuentran los  “Métodos más efectivos para hacer dinero  fácil y rápido”  o para “Convertirse en Millonario y dejar de sufrir”  ya sea a través de técnicas paso a paso – que por supuesto venden más libros y cursos -,  o bien a través de seminarios y pláticas individuales de mercadeo múltiple entre muchísimas otras técnicas. Desde luego para la carencia y confusión espiritual y emocional también existe un gran potencial de negocio, pues es precisamente esta vertiginosa época, en la que el exceso de información y la falta de introspección,  la carencia de líderes sanos y con credibilidad, la pérdida de principios y valores, la excesiva tolerancia en unas cosas  y la falta de ella en otras, la crisis espiritual, política y económica, entre muchos otros factores, hacen que todos busquemos el verdadero significado de una existencia que aparentemente no significa nada para nadie, tal vez ni para nosotros mismos. Por ello, los grandes empresarios del mercado de las emociones y la espiritualidad –quienes en su mayoría son expertos financieros en el manejo y creación de nuevos productos y conceptos, en el mercadeo de los mismos y que en su mayoría son de “manufactura”  extranjera-, exportan dichos  “productos de la verdad” y “ motivacionales de patente” hacia los países con mayor población y menor educación académica, con mayores crisis económicas  y mayores  enajenaciones religiosas, o con mayores crisis espirituales e individuales –los cuales  como sabrás no son tarea difícil de encontrar en América Latina-, todo ello  con la finalidad de vender al alma lo que más añora, ESPERANZA ; al ego lo que más necesita, ÉXITO en la COMPETITIVIDAD;  y al individuo la seguridad que más le falta …DINERO.

He cumplido mi parte. El Sueño está formado EN TI.  Ahora, DE TI  depende hacerlo realidad –se atreven muchos a decir-.

El mequetrefe orador balbuceaba como niño y como niño recibió grandes elogios.

Juan Carlos Poó A.

Siempre cae más pronto un hablador. Parece –aunque no lo es-  ser costumbre moderna de infinidad de pseudo autores y oradores, el pensar que con el solo hecho de haber acudido a ciertos cursos de moda -principalmente de superación personal-, pueden adueñarse de conceptos ajenos que ni ellos mismos entienden, impartiendo pláticas por doquier con dichos dogmas y aún más osada y descaradamente, publicar libros y escritos sobre  ideas que no les corresponden a sus fugaces neuronas, ideas que en sus mentes han creído tan familiares como propias. Tal es el caso de los cientos de cursos, cursitos y cursillos que sin demeritar su seriedad original, han sido transformados y reducidos a su concepción y entendimiento más básico sobre  “Ley de Atracción”,  “Couching de Vida”, “Metamanagement” , “Sanación”, “Constelaciones” “PNL (Programación Neuro Lingüística)”, “Reiki”,  y qué se yo cuanto más, que si bien son conceptos originales valiosísimos y bien definidos, son modificados e impartidos por personas que en su vida han tenido una visión propia de las cosas y repiten en automático sus malinterpretados aprendizajes, incluido el malogrado “Feng Shui”, que al ser occidentalizado y enfocado hacia la adquisición de grandes riquezas y bienes materiales ha perdido toda la fuerza de su verdadera esencia y riqueza oriental. Están también aquellos que hablan en programas de radio y televisión y generan “los decretos” como si fuesen recetas de cocina. O los que, sin el más mínimo conocimiento de la física mecánica, las matemáticas, la astrofísica, la calculadora y ni siquiera el ábaco, se atreven a ofrecer y brindar pláticas sobre  “FÍSICA CUÁNTICA” como si fuesen expertos de la NASA en tal ciencia, enfocándola desde luego hacia el moderno concepto de “El Secreto”, un secreto que ellos mismos aún no han descubierto, -habrase visto tal osadía-.  Hoy, como siempre, el dinero es el dios que corrompe las doctrinas, las ideas y los pensamientos de aquellos que honestamente los han generado y de aquellos que los emplean indiscriminadamente para obtener fortuna, bienestar y riquezas, sin entender un bledo de lo que la profundidad de cada pensamiento o doctrina quiere expresar en realidad.

Conozco personas  de cierto poder adquisitivo que  han tenido la fortuna de viajar  a países como la India, Inglaterra, España, Alemania, China  o Norte América, entre muchos otros,  con la sola finalidad de asistir  a alguna conferencia o tomar  un curso intensivo con personajes de la talla de Osho, Deepak Chopra, Wayne Dyer,  Stephen Covey o Dalai Lama, por solo mencionar a algunos, y regresan jactándose de ser “DISCIPULOS” de tales personalidades –como el “pequeño saltamontes lo era del Maestro Po en aquella famosa serie de televisión KUNG FU de los años 70’s – , agregando por supuesto tal término a la colección de títulos nobiliarios dentro de su extracto curricular.

Aunque parezca increíble, conocí a un charlatán que después de medio hojear el famoso libro El Arte de la Guerra, impartía pláticas y lucía presuntuosamente en su fact sheet (para mí fact shit) como  punto clave el haber sido discípulo de  Sun Tzu, autor del mismo, ¡ver para creer! Lo más curioso, gracioso, temible y lamentable, era la credibilidad de sus audiencias y seguidores, pues no existe nada más pecaminoso ni ciego que la ignorancia y esa, a mi parecer, es la madre de todos los listos.

Todos los presentes secundaron sus palabras y de pie,  extendieron sus muletas para seguir al viento en su afán de conquista.

Juan Carlos Poó A.

 

En el medio de los oradores, speakers o conferenciantes por supuesto también existe gente honesta, disciplinada y con conocimientos de los que jamás harán uso para mofarse de sus audiencias ni de los individuos, o sentirse superiores a ellos.  Sus palabras serán más vistosas que las grandes escenografías o parafernalias que otros necesitan tanto de relleno. Un orador y pensador brillante y honesto jamás usará paleros o aduladores comprados ni aplausos ensayados fuera de tiempo. Un pensador talentoso lucirá por sí mismo. Te mostrará caminos. No te prometerá resultados. Te ayudará a conseguirlos. Te guiará. Será atento contigo y los demás. Responderá tus dudas cuando sea necesario. Si no se permiten preguntas por ser un grupo muy grande o por el limitado tiempo para su exposición, te proporcionará otro medio para estar en contacto con él. Debes recordar que un buen orador no necesariamente puede ser un buen ideólogo o pensador; algunos son buenos para transmitir las ideas de otros porque creen en ellas. Pero un buen pensador tendrá  ideas propias,  capacidad de análisis, y como oradorlogrará brindarte una gran orientación para obtener  resultados muy poderosos en ti. Un ideólogo transmitirá su pensamiento de manera natural, sin rebusques ni confusiones y este podrá efectuar cambios verdaderos en tu persona, porque ya los ha experimentado en él, sin aparentar ser perfecto ni ser una persona de éxito absoluto, porque él también se mostrará ante ti como alguien que ha encontrado caminos pero que se encuentra en busca de otros. Alguien así, nunca termina de aprender.

Para tomar en cuenta:

1- No se dice “CONFERENCISTA” se dice “CONFERENCIANTE“.

Juan Carlos Poó Arenas

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El Hospital de Orugas

Nota introductoria actualizada el 29 de Septiembre de 2015

SEPT2015 182 copy1 bajaDESCUBRAN SU PROPIA GRANDEZA.

Siempre hay algo que hacer por alguien, no importa cuan pequeño sea, que te hará sentir lo grande que en realidad puedes ser si te lo propones.

El pasado martes, nuestro hijo de 8 años rescató dos orugas que se encontraban en el piso y las adoptó temporalmente para procurarles los cuidados necesarios en su Hospital de Orugas (que fundó ÉL MISMO con una pequeñísima ayuda paterna, hace tres años, a la edad de cinco), donde estas podrán contar con un lugar seguro para comer a sus anchas y prepararse para dar el importante paso en el maravilloso proceso de la metamorfosis.

EL HOSPITAL DE ORUGAS, no solo lleva al lector a recorrer parte de mi anecdotario personal; más que todo, lo encamina hacia  una historia de productivas enseñanzas a través de sencillas metáforas  y analogías que estoy seguro les podrá servir para descubrir la grandeza que existe en cada una y en cada uno de ustedes, siempre y cuando sepan y quieran interpretar y comprender las señales que en sus propias vidas los guiarán a su enriquecimiento y crecimiento personal a través del amor y respeto por el mundo que les rodea.

Así pues, deseo de todo corazón que disfruten su lectura  tanto como yo de su escritura.

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EL HOSPITAL DE ORUGAS

Una historia para leerse con el corazón y transformar la mente.

Por Juan Carlos Poó Arenas.

Escrito el 02 de Septiembre de 2012 / Dedicado como todo lo bueno, a mi hijo

     Hace poco más de cuatro meses, mi pequeño hijo -quien recién cumplía cinco años de edad-, encontró olvidado sobre la banca de un parque un pequeño capullo que seguramente algún otro niño retiró del lugar que originalmente había seleccionado la oruga para tejer su crisálida y reposar, comenzando así el maravilloso proceso de su metamorfosis.

     ─“¡Mira papi, rescaté un capullo de mariposa!”─, dijo emocionado mi pequeño quien, sin pensarlo dos veces, protegió delicadamente el capullo y lo trajo a casa.

     Inmediatamente y sin perder ni un segundo, hurgó entre sus cosas y comenzó a acondicionar una vieja lonchera que serviría como hogar temporal para proteger y refugiar al milagro que en su interior se producía. Colocó pastito, hojitas de plantas de nuestras macetas y algunas hierbas secas; al final, de aquel vaso desechable tomó con mucho cuidado ese pequeño y extraño objeto, al que desde ahora llamaría  “su capullo” y lo depositó con gran cariño e ilusión en el interior de la lonchera. Desde luego mi hijo sabía que adentro había una oruga  y que de ahí, si todo terminaba bien, saldría una mariposa.

     Lo que mi hijo no sabía ni entendía, era en realidad cómo y cuando sucedería eso.  Así que comencé a darle toda una cátedra sobre la metamorfosis y los diferentes procesos desde que la mariposa pone sus huevos, salen las orugas, comen hasta hartarse y cuando ya han crecido lo necesario y han almacenado en sus cuerpos los suficientes nutrientes para enfrentar el cambio, comienzan a tejer su casita de seda de la que en unos 60 días, a veces menos, surgiría una extraordinaria mariposa. Desde luego mi explicación fue tan literal y más explícita que la que describo aquí, pues tengo la costumbre de hablarle a mi hijo en forma por demás científica, cosa que extrañamente para su corta edad, le agrada de manera sorprendente.

     Pero, cinco años son cinco años, y para un pequeño de esa edad, sesenta días es mucho más tiempo del deseado, y para eso, no hay ciencia que lo convenza. Él quería ver resultados pronto y… ¡más valía que así fuera!.

     Día tras día transcurrió sin resultados y no obstante, llegaba de la escuela con la misma ilusión de pasar revisión por cada uno de sus bichos: Cucarachas de Madagascar, completas; Zoofoba, completos;  tenebrios, cochinillas, grillos, culebra, tortuguita, peces, ranas, ranitas y ranotas y más todavía. Pero de postre, el platillo exquisito de la emoción, “su capullo”, con la esperanza de ver algún movimiento o un destello de alas brotar.

     Pasaron los días y la ilusión se convirtió en desilusión, en tedio. Cuando llegaba de la escuela la revisión seguía con todos,  excepto con “su capullo”. Ya no entendía, ya no quería entender. No sabía por qué no pasaba nada, porque no sabía lo que pasaba.

     Entonces fui yo quien deseaba que el milagro sucediera pronto y que mi pequeño de cinco años pudiese ver con sus propios ojos uno de los espectáculos más maravillosos de la vida. Así fue como me convertí en el vigía y cuidador de “su capullo”.

     Una mañana de tantas, pero no igual a ninguna, abrí la tapa de la vieja lonchera y en su interior se encontraba el milagro tan deseado y que un día, mi pequeño hijo olvidó: una hermosa y perfectamente formada mariposa de esas a las que conozco desde mi infancia con el nombre de “llamadoras”, atigrada en amarillo y negro y con sus alas a pesar del reducido espacio, en excelente estado. Surgió seguramente hacía unas cuantas horas, tiempo suficiente para secar y extender su envergadura en espera de una pronta liberación para levantar su vuelo.

     Sin dudarlo, fui a  donde se encontraba mi hijo para darle la buena noticia, quien afortunadamente estaba de vacaciones escolares.

     Emocionado, corrió a donde tenía la lonchera y cuando la vio, su piel se estremeció y sus ojos se desorbitaron de júbilo. Tras unos momentos de alegría colectiva, vino la terrible noticia  ─ ¡Debemos liberarla! antes de que intente escapar y se rompan sus frágiles alas! ─ le dije.

     Su enojo no se hizo esperar, la frustración lo envolvió. Me gritó, lloró, me insultó y a su entender, me repudió. ¿Cómo era posible haber esperado tanto tiempo para disfrutar solo unos instantes? y después, ¡nada!; no obtener nada, no poseer nada, no presumir a sus amigos y familiares nada. ¿Cómo posible era que su papi le quitara a “su capullo” que ahora era “su mariposa” a la que rescató de un destino incierto? ¿Cómo era posible que la dejáramos irse volando a expensas de que un pájaro se la comiera, o que no supiera a donde ir. O que la pescara la lluvia en el camino. O que el viento la sacudiera? Nosotros éramos su familia. No tenía yo derecho a dejarla ir. No tenía yo derecho a hacerle eso a él, “a mi propio hijo”.

     Mi pequeño gran amor lo intentó todo para hacerme cambiar de opinión y no liberar a “su mariposa”.

     Debo confesar que mi frustración y enojo ante su reacción fue inversamente proporcional, y no fue sino hasta unos instantes  después en que me percaté que tengo diez veces su edad y a veces me comporto como si tuviese cuatro años menos, que él desde luego.

     Fue entonces cuando, después de la tempestad,  de manera suave y sutil le expliqué por qué debíamos dejarla libre, haciéndole ver que sin importar los peligros que le deparasen en su andar, su naturaleza e instinto saldrían siempre en su defensa, y que el viento no podría dañar sus alas porque éstas se hicieron para volar; y que la lluvia no la mojaría porque es la misma lluvia la que hace que crezcan las plantas en las que se guarecerá; y que las aves difícilmente la atraparían porque su intuición la salvará y la naturaleza en su gran sabiduría  atrae a las aves hacia los especímenes más viejos que ya han vivido y no hacia los que comienzan a vivir; y que siempre sabría a dónde ir porque las mariposas siempre lo saben y nunca se pierden, porque a donde vuelen y por donde vuelen, siempre es su hogar. Y que esta encontraría pareja, pondría huevos de los que nacerían otras orugas y quien sabe, tal vez un día podría rescatar y ayudar a uno de ellos como ayudó a esta a crecer, transformarse y volar libremente, cual es el destino de una mariposa.

     Ese día, voló una mariposa;  y ese día mi hijo conoció el valor de la libertad. También ese día yo descubrí, que la paciencia es uno de los valores más importantes para con quien amas.

     Pero, la historia no concluye aquí.

     Hace casi un par de meses, estando con mi madre, “mamá” –quien  poco más de un año atrás perdió la presencia física de papá, nuestra mayor pérdida-, nos encontrábamos llegando a uno de nuestros restaurantes favoritos en Coyoacán, al Sur de la Ciudad de México, cuando de pronto mi pequeño gritó ─¡CUIDADO!─  y deteniendo mi paso se agachó y levantó a una pequeña pero gran oruga color marrón y con un par de ojos ficticios dibujados al frente, que se encontraba dentro de un charco en la calle y a la cual casi piso.

     Mi hijo estaba feliz, no se si más por haber rescatado a ese pequeño animalito, por su belleza o por el asombro que generaba en los comensales poco relacionados con lo natural  y quienes algo repugnados observaban la escena mientras la oruga caminaba por sus pequeñas manos.

     A pesar de mis sugerencias para que no manipulara tanto al animal, no  fue sino hasta cuando la pequeña oruga extendió una especie de antenitas que expidieron un olor nauseabundo, que mi hijo accedió a guardarla, tan asqueado como si lo hubiese bautizado un zorrillo.  El revuelo por tal acontecimiento fue enorme y pese a la opinión de todos que sugerían dejar en un árbol a la desde ahora llamada “su asquerosa oruga”, mi pequeño, con ese característico convencimiento infantil,  ganó la batalla y “su asquerosa oruga”  nos hizo compañía durante todo el día dentro de un pequeño vaso desechable con tapa de seguridad para impedir un accidente mayor.

     Al igual que mi pequeño, me encanta lo natural, soy muy curioso y desde siempre me fascina observar  los bichos sin importar tamaño ni especie, con lo que he aprendido y descubierto un lenguaje muy diferente al resto de los “humanos normales”, así que expliqué a mi pequeño que ese tipo de orugas son en principio de color verde y su color cambia a un marrón obscuro cuando están cercanas a tejer su crisálida, por lo que si deseaba quedarse con ella, tendría que apresurarse y procurarle los cuidados y hábitat necesarios, pues estaba cercana por unas horas a convertirse en pupa.

     Debido a que teníamos la vida de una oruga en las manos, decidimos ir a los viveros de Coyoacán -uno de los pocos pulmones de la Ciudad de México en donde se cultivan plantas de diferentes especies-,  a recolectar troncos, hiervas  y hojas frescas  para proporcionarle al nuevo huésped un hogar digno. Eso ayudó a  que el día bueno, tuviera un “up grade” y se tornara espléndido,  al agregar esta nueva actividad al itinerario familiar y nos brindase la oportunidad de disfrutar una pequeña caminata en un lugar relajante dentro de la bruma estresante de esta ciudad.

     Al llegar a casa preparamos una pecera estilo bosque, con troncos, hojarasca y pajitas. Mi hijo brillaba nuevamente de ilusión y se fue a dormir con la gran satisfacción de haber rescatado a la que desde hoy sería “su oruga”.

     Esa misma noche, el pequeño amiguito  seleccionó su lugar favorito y comenzó a tejer. Primero de cabeza, el soporte inferior. Después, el soporte superior que ya no vi terminado pues me ganó el sueño. Dos días después, la oruga había desaparecido y en su lugar, apareció una extraña y diminuta armadura, más pequeña que la oruga que encogida se encontraba en su interior. Una armadura tan hermosa, simétrica y bien realizada como la obra de arte más fantástica que cualquier ser humano pudiese crear. Era una obra divina realizada solamente, con saliva de oruga.

     Lo que sucedió después durante este tiempo, sigue siendo un misterio que aunque la ciencia ha podido explicar con terminología técnica, aún hoy, nadie puede entender, nadie puede comprender y muy pocos pueden valorar.

     Pero  lo más importante, fue el milagro. Ese que sucede día con día y muy pocos podemos encontrar, observar, descubrir y aplaudir.

     El cambio. La vida. El cambio.

     Hoy … hoy surgió una nueva mariposa “llamadora”, hermosa y gigante, que sabía de esa pecera su refugio pero del que le urgía salir para enfrentarse a lo desconocido, a su destino, a su instinto, a su mundo, a su propia existencia, a su verdad, …A SU LIBERTAD.

     Hoy, por decisión mutua y compartida, sin imposiciones, un hombre de cincuenta y un años de edad y su pequeño hijo de cinco, sin chistar, sin discusión, sin frustración, llenos de compromiso y responsabilidad, de alegría y de emoción, nos dirigimos a un campo cercano a casa, para dejar volar a la que mi hijo sabía que NO era “su mariposa” pero que de no ser por él, habría muerto ahogada en un charco de agua y nunca habría llegado a ser lo que es.

     Hoy, mi hijo descubrió que lo que yo le enseño no tiene valor sin su propio aprendizaje, sin su propio entendimiento, sin su propia EXPERIENCIA. Y  yo descubrí  que con él, con mi hijo, voy por buen camino y que tal vez yo aprendo más de él que él de mí.

     Hoy también tú que lees esto, puedes descubrir que no importa cuan pequeño sea alguien o incluso tú, que pequeño por momentos  te sientas, siempre hay algo que hacer por alguien, no importa cuan chiquito sea, que te hará siempre sentir lo grande que en realidad puedes ser, que en realidad eres, si te lo propones, si observas,  si aprendes, si actúas sin juzgar, si toleras, si te apasionas, si te desentiendes del “qué dirán”, si dejas las lágrimas y las rabietas de un lado, si no haces de la frustración tu templo, si tienes paciencia. Si entiendes o no entiendes es lo de menos. Sin movimiento, las cosas no suceden por ti. Y tú sucedes por las cosas que haces y las que dejas de hacer. También tú, al moverte,  contribuyes notoriamente a lo que sucede en otros. De tí depende la forma en que te muevas, como pienses y cómo actúes.

     Aunque a veces los olores sean por momentos desagradables, los sabores futuros siempre compensarán una buena acción. Si estás listo para entender esto, estás listo o lista para emprender tus propias experiencias de  GRANDEZA.

     Por cierto, tan importante acontecimiento no podía pasar desapercibido para mi cámara fotográfica  y pese a lo que se pueda pensar dada mi pasión por la fotografía, debo confesar que las tomas de la liberación de la mariposa fueron un verdadero desastre pues aunque mi hijo intentaba liberarla lentamente mientras yo ajustaba el enfoque, medía la distancia y checaba la velocidad del obturador de la cámara para realizar la toma testimonial perfecta, la mariposa no tuvo paciencia y elevó el vuelo una vez que vio abierta la tapa, por lo que las imágenes  salieron –como acostumbramos decir- “movidas y borrosas, es decir, espantosamente malas.

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     Pero dado lo que aquí te narré, su significado para mí es invaluable, y aunque siempre busco perfeccionar mi técnica fotográfica, HOY TAMBIÉN APRENDÍ que las mejores fotos de mi vida y las que mejores recuerdos me traen, tal vez sean en su mayoría LAS QUE PEOR HE TOMADO, pues descubrí también que nuestra belleza se encuentra en la simpleza de nuestra condición y en el aprendizaje de nuestros errores, no en la búsqueda de la perfección. 

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¡Ahhh! … olvidaba decirte que también en nuestras vidas ese dìa quedó plenamente instaurado y con dos nuevos pacientes…

El Hospital de Orugas

Juan Carlos Poó Arenas

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Fotografía / Juan Carlos Poó

Fotografía / Juan Carlos Poó

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Mientras los padres transmitan a sus hijos sentimientos de asco, repulsión y miedo, el mundo será de COBARDES, INTOLERANTES Y ASQUEROSOS. Mi hijo ADMIRA, RESPETA y AMA. Juan Carlos Poó