LA GALERÍA DE JUAN CARLOS POÓ. Constitución de la CDMX. Paradoja de lo Infinito.

galeria-jcpoo-relatividad-constituyente-b2-banner-bajaA la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, propongo regalarle para su sala principal, la obra Relativity (Relatividad, 1953),  del famoso M. C. Escher.


Por su lentitud en el proceso. Al igual que los personajes de esta construcción están en ingravidez permanente, nuestros Constituyentes parecen ignorantes del vertiginoso panorama general que refleja el resultado que de ellos se espera, pues como en la misma obra, cada personaje tiene un núcleo de gravedad asignado y parece ignorar al resto, en especial los de MORENA. Escher lo explicaba así: “…dos habitantes de mundos distintos no pueden andar sobre el mismo suelo, estar sentados o de pie, ya que no coinciden las ideas que tienen de lo que es horizontal o de lo que es vertical”. En la realidad, nuestros Constituyentes parecen darle la razón al artista.

Ojala no se complique la cosa como con las escaleras, porque sí no, la Constitución de la CDMX podría convertirse en una paradoja de lo infinito.

UNA FELICITACIÓN CIEGA PARA CUARÓN.

No por ser mexicano, sino por ser un chingón.

Por Juan Carlos Poó / 03 de Marzo 2014.

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   No importa si se es creyente de los premios show o no, o partidario de las ridículas pasarelas de alfombra roja que exhiben y exponen a los profesionales de la actuación como carne de cañón para las críticas morbosas de frívolas e insipientes mentes banales. Lo que sí importa es que curiosamente hoy, precisamente hoy las anécdotas en torno a Alfonso Cuarón llueven por doquier en las mesas de restraurantes y cafés, e incluso en las redes sociales.  “Poncho”, como lo llaman quienes se hacen pasar por íntimos de Cuarón, no dejan de regodearse ante la ostentación de su vieja amistad con el hoy ganador del Oscar.

     Pero las anécdotas y la presunción no son exclusivas de los particulares. La prensa no deja de jactar la nota anteponiendo la nacionalidad del cineasta a su nombre. Se refieren a él como “…el mexicano Alfonso Cuarón”; como si el hecho de ser mexicano fuese un factor de cliché para determinar la dificultad de sobresalir en el mundo. Lo más estúpido que leí en la prensa fue: “…agradeció a su mamá en español”. Caray, ¿en qué idioma quieren que le hable, chino mandarín?

     El malinchismo y la baja autoestima de algunos  por ser mexicanos y vivir en México se ve disfrazada de autocomplacencia por un logro “compartido” con alguien que no ha vivido desde hace muchos, muchos años en México, y que ha sabido sortearse solo –en compañía de algunos verdaderos cuates- en una difícil industria, la posición que hoy merece, sin la ayuda de todos los que se jactan de ser cómplices de sus triunfos.

Yo también tengo un par de anécdotas que contar:

La primera de ellas data de mi infancia.

     A los 11 años de edad. Cuando intentaba participar en los juegos de basketball o futbol en el patio de recreo y nadie me consideraba en su equipo por no ser digamos, un jugador sobresaliente. Siempre a la espera de una oportunidad o de un compañero compasivo que me permitiera jugar.

     Un día me cansé de esperar y me retiré a hacer mis cosas. Buscar arañas, cochinillas, hormigas o cualquier otro bicho que pudiese observar en el recreo. Ahí aprendí que el auto exilio a veces es buen compañero pues deja uno de querer participar en la repartición de un pastel amargo y ya partido para comenzar a saborear el dulce de la introspección y el auto conocimiento. Desde luego a los 10 años no lo analizaba tan profundamente. Me divertía solo haciéndolo.

     Un día, me dí cuenta que atrás de mí, mientras analizaba las causas de muerte de un ratoncito cuyo cadaber descubrí en el patio, se encontraba un grupo de morbosos pero entusiastas observadores que seguían cada uno de mis pasos en “técnicas forenses”. Unos con repulsión y otros con verdadera admiración. Ahí comprendí que mis amigos no estaban en el balón. Aunque muchos años después demostré grandes dotes con la pelota, lo cual no es la historia en cuestión.

     Un día, pese a las apuestas en mi contra, gané un concurso de declamación de toda la escuela, logro que me llevó a participar en el primer noticiero infantil de la historia mexicana, transmitido por canal 2 (DOS). A partir de ahí, mi vida deportiva pasiva se convirtió en activa, pues TODOS me querían en su equipo de futbol. Desde luego, seguí prefiriendo a mis bichos y a los buenos amigos.

Segunda anécdota

     La segunda anécdota transcurre hace unos pocos años, cuando Alfonso Cuarón dirigió una de las partes de la saga Harry Potter.

La euforia colectiva no se hizo esperar y fue entonces cuando recibí dos invitaciones de diferentes grupos de amistades para celebrar el logro de “nuestro viejo y gran amigo”. Debo confesar que desde que terminamos la escuela, jamás le volví a ver ni mantuve relación de amistad con él. Igual que muchos de los organizadores de los festejos.

     Para uno de los actos sociales, me llegó una invitación en la que se especificaba que el evento era “PRIVADO” y de “RIGUROSA ETIQUETA” y “SOLO CON UN ACOMPAÑANTE”. ¡Caray!, lo que son las cosas. Después de casi ahogarme de risa y escupir el trago que había ingerido, presenté un  escrito en el que decliné amablemente la invitación pues tenía no se que otro asunto que atender. Creo que un ritual sagrado o algo así.

     La voz en una llamada telefónica en días posteriores me invitó al otro evento “PRIVADO” también, en el que festejaríamos el triunfo de “Poncho”. Me pidieron puntualidad, seriedad y formalidad en la vestimenta. ¡Carajo!  ─pensé. Estos ni siquiera conocen las fachas de Cuarón y quieren sentirse en las pasarelas de Joligud─. Decliné también amablemente la invitación por asuntos que no recuerdo y que seguramente no eran reales, o por lo menos, con implicaciones tan falsas como los eventos en cuestión.

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     Para quien se pregunte “¿Qué pasó después?”, la respuesta es sencilla: “Poncho”, “Ponchito”, “Alfonsín”, “Alfonso”, “mi brother”, “ese cabrón de Cuarón”, como dijeron  …¡JAMÁS LLEGÓ! A ninguno de los dos eventos. Caray…se le subieron los humos ─ comentó ingenuamente alguien. ¿Qué esperaban?

     Efectivamente, Cuarón salió de su zona de confort  hace muchos años, como lo han hecho muchos de diversas ocupaciones y oficios. Algunos cineastas triunfadores y de talla internacional como Alejandro González Iñárritu y Guillermo del Toro  lo hicieron también, y al obtener reconocimientos internacionales han sido celebrados como “Mexicanos” antes que como individuos talentosos y sobresalientes. México y el Estado se han jactado de ellos como si los hubiesen pulido con esmero y dedicación, sin mencionar ni pensar siquiera que es el propio país el que los ha orillado a emigrar para buscar sus triunfos y billete en otro lado.

     Recordemos por ejemplo que Guillermo del Toro, quien actualmente vive en Los Ángeles, decidió mudarse al extranjero en 1998 tras conseguir la liberación de su padre –quien fue secuestrado en México-, mediante el pago de un cuantioso rescate. Por otra parte, la carencia de apoyo a la industria cinematográfica hizo que muchísimos talentos emigraran. De cualquier forma, como dicen, la meca del cine en el continente  no esta aquí,  sino en los IUNAITEDESTEITS y los OSCARES se dan allá, o como dirían los argentinos “¡Asha! , no acá.

     Nadie es profeta en México, digo, en su tierra. Sin embargo, México cuenta actualmente con grandes talentos y promesas en el cine, unos muy jóvenes como GAZ ALAZRAKI,  y otros no tan jóvenes pero con grandes conocimientos, cualidades, talentos y aptitudes.

     Ojalá que antes de ostentar  un falso “mexicanismo”, los mexicanos comencemos por ostentar y promover solidaridad con nuestros compatriotas durante las primeras etapas de su crecimiento profesional y vocacional y no solo en la madurez triunfante y exitosa.

     Ojalá diéramos admiráramos y diéramos los premios y reconocimientos no a los mejores vestidos, o a los caras bonitas, o a los destacados internacionalmente, sino también a los maestros chingones (y dije a los chingones, no a todos) que día a día dan su vida por enseñar valores y conocimientos a sus alumnos; a los que sin ser conocidos, entregan lo mejor de sí diariamente por salvar vidas, vidas de personas y vidas de animales; a los rescatistas; a los protectores; a los bomberos; a los policías honestos; a los que anónimamente donan parte de lo que tienen por ayudar a otros; a los que acuden a orfanatos y asilos para brindar lo mejor de sí mismos a niños y ancianos; a los acuden para dar felicidad y alegría a los niños con cáncer en fase terminal. A los que ayudan a los minusválidos y no hacen un pinche show de ello. ¿Qué pasa México? ¿No son dignos de premio? De cualquier forma, la baja autoestima  siempre motivará la ostentosa presunción de conocer y reconocer a los populares triunfadores y negar relación con los perdedores o desconocidos, aunque estos últimos luchen como verdaderos gladiadores.

¿Es válido entonces felicitar y reconocer a Cuarón y al fotógrafo Emmanuel Lubezki (“el chivo”para los cuates) por sus premios en Holiwwood?

¡POR SUPUESTO QUE SÍ!

     Porque ganar premio en tierra extraña tiene mérito, mucho, y muchos años de esfuerzo. No importa lo que algunos opinemos de los OSCARES, no es reconocer el premio, sino el mérito de ser chingones, sean de la nacionalidad que sean.

     Va un abrazo que nunca verán aquí y en su momento si llegase el día les daré, a Cuarón, Lubezki y todos los que mencioné.

     Pero, por favor ¡No me inviten a galas de rigurosa etiqueta para festejar a Cuarón!  Mi smoking es para otras causas. Además…

…¡No va a llegar!

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Entre la INCREDULIDAD y la INGENUIDAD

 El caso de la captura de “El Chapo” Guzmán. La Imposibilidad de CREER.

Por Juan Carlos Poó / 27 Febrero 2014

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Dicen que “No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague”.

     Para aquellos que aceptan con vehemencia  la noticia, tal vez les parezca interesante lo siguiente,  sin que esto represente una negación de nada, aclaro.

     La noticia sobre la detención de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera –líder del Cartel de Sinaloa y el narcotraficante más buscado y poderoso del mundo, según se informa-, atribuida “oficialmente” a una acción de inteligencia de la Armada de México, la PGR y el Cisen en colaboración con agencias especializadas de Estados Unidos -ocurrida el pasado 22 de febrero en Mazatlán, Sinaloa-, a pesar de haber atraído la atención en primera plana de la prensa mundial -también según se informó en algunos medios-, ha desatado nuevamente una polarización de posturas, especialmente en México,  que en unos casos considera la noticia como algo completamente falso, en otros pasa  por la  lupa de la sospecha y en muchos otros,  es aceptada ingenuamente con fe ciega, casi fanática,  que incluso cuestiona radicalmente la poca credibilidad en el Estado Mexicano por quienes se preguntan  “¿será cierto?”.

Joaquin "El Chapo" Guzman

   Como siempre, en México existe un sector minoritario que mantiene su postura permanente y eterna contra todas las acciones del gobierno aunque sean correctas, necesarias o alabables, desvirtuando cualquier acción que este emprenda. Los motivos: meros intereses políticos y de poder, que en escencia no deberían ser lo mismo pero que en la práctica van unidos.

     Muy aparte de las posturas políticas de AMLO (Andres Manuel López Obrador) quien cataloga la nota como “una cortina de humo mediática…” palabras menos, palabras más, o de los fieles seguidores del Estado Mexicano, quienes aplauden la asertividad y destreza de la inteligencia y desenlace de la captura, existe una postura popular basada en el criterio de una conciencia colectiva fastidiada de siempre ser manipulada a través de los medios informativos y de comunicación, en la que se asume una postura tan real como su propia esencia: LA DUDA.

     Lo que es indiscutible, irremediablemente indiscutible, y para lo que no es indispensable tener un gran coeficiente intelectual, ni ser un  analista político de trayectoria en escritorio, son los argumentos de la imposibilidad  natural del mexicano promedio para creer en las instituciones y en la información mediática:

La verdad es que es imposible creer en los políticos mesiánicos que habiendo causado tanto desmadre en el DF y otros lugares, desdeñan todo lo que se oponga a ellos.

Es imposible creer en los políticos que alaban todas las acciones del Estado.

Es imposible creer en los políticos que contradicen y se contraponen a todas las acciones del Estado.

Es imposible creer en los políticos que dicen estar a favor de la verdad y que diariamente se empeñan en ocultarla.

Es imposible creer en los legisladores que hacen ostentosas fiestas familiares en sus lugares de trabajo mientras deberían estar trabajando.

Es imposible creer en los políticos que se embolsan fajos de billetes y aparecen en videoescándalos para después deambular como grandes señorones por las calles que pisan nuestros hijos.

Es imposible creer en líderes de partidos políticos relacionados con muertes y asesinatos.

Es imposible creer en políticos relacionados con el narcotráfico y el crimen organizado.

Es imposible creer que una pequeña e inocente niña muerta pase desapercibida en su habitación durante días ante la presencia física y revisión detallada de sus padres, nanas, servidumbre, agencias internacionales, ministerios públicos, procuradores de justicia, medios de comunicación y policías y que al final nos digan que fue accidente.

Es imposible creer que en un sexenio pasado dos jefes de Gobierno hayan fallecido en percances aéreos con versión oficial de “accidentales”.

Es imposible creer que una secuestradora francesa haya sido puesta en libertad por dar mayor importancia a un montaje mediático del Estado que a un proceso legal funcional.

Es imposible creer en la historia mediática de  un “pastor”  colombiano que haya sido confundido con terrorista y detenido impecablemente para enaltecer a la tan entonces criticada milicia mexicana con solo una lata de refresco en sus manos.

Es imposible creer en tantos montajes de tantos, tantos años de manipulación mediática del Estado en contubernio con los medios. Es imposible creer en políticos de “izquierda” que esconden en la cajuela su mezquindad y favores al crimen organizado para dar fuero a un delincuentazo.

Es imposible creer en todos los  legisladores que reparten como botín de un robo, LITERALMENTE, un presupuesto multimillonario que estaba destinado para miles de becas de estudiantes que ya se jodieron y es imposible creer que nadie haga nada al respecto.

Es imposible creer en diputados (o diputadas) plurinominales que no han terminado la preparatoria siquiera.

Es imposible creer en legisladores que duermen o juegan con su computadora mientras sesionan. Es imposible creer en políticos que venden favores.

Es imposible creer en la prensa que promueve diariamente las acciones del Estado recibiendo cuotas  llamadas “patrocinios” y editando en sus páginas  “publirreportajes pagados” sin que aparezcan señalados como tales en las secciones noticiosas.

Es imposible creer en quienes hacen del fuero una bandera de impunidad.

Es imposible creer en “lideres de seguridad” que viajan con un libro de futbol bajo el brazo como guía estratégica para sus acciones contra el crimen organizado en un Estado jodido, sin gobierno ni ley.

Es imposible creer que a estos “líderes de inteligencia estratégica” se les fotografíe en una reunión con los mismos sicarios a los que persiguen.

Es imposible creer en la televisión “al servicio del Estado”.

Es imposible creer en periodistas “al servicio del Estado”.

Es imposible creer el los que atacan todo el tiempo al Estado.

Es imposible creer en las campañas publicitarias de autoalabanza.

Es imposible creer en empresarios amigos de políticos corruptos.

Es imposible creer en políticos amigos de empresarios corruptos.

Es imposible creer en periodistas “amigos” de políticos falsos y de falsos políticos.

Es imposible creer en un Estado que prohíbe la libertad de expresión.

Es imposible creer en los comunicados del Estado cuando el Estado ha fabricado cientos de montajes.

Es imposible creer que el caso “Colosio”  siga impune como cientos otros.

Es imposible creer en quienes dan carpetazo a los incendios en guarderías sin acreditar y castigar responsabilidades.

Es imposible creer en quien ofrece verdades a cambio de aumentar impuestos.

Es imposible creer en políticos que diseñan sus campañas con frases mercadológicas populistas y no con verdades.

Es imposible creer en quienes pasan la vida retratándose con ancianos, mujeres y niños del pueblo, pero comen con cacas grandes en los mejores restaurantes.

Es imposible creer en quienes pasan la mayor parte de su vida besando traseros.

Es imposible creer en quien se esmera en el yoga ejercitándose para besar su propio trasero jactándose y auto celebrándose todo el tiempo.

Es imposible creer  verdades a aquellas instituciones que “desaparecen expedientes reales”.

Es imposible creer que se pueden distinguir todas las notas fabricadas de los acontecimientos reales. Es imposible intervenir en el hecho de que  se dan demasiadas explicaciones para unas cosas y muy pocas o ninguna para otras.

Es imposible creer en políticos que prometen computadoras para cada niño y ni dulces dan.

Es imposible creer en los motivos informativos de una nota que intentan darnos de comer durante cinco días seguidos como plato principal.

Es imposible creer que la finalidad de una nota sea solo informar.

Es imposible creer que no existan redes de protección de altas esferas que se rompan con nuevas alianzas.

Es imposible creer en un Estado y en políticos que históricamente han demostrado ser imposibles de creer.

Es imposible creer que un solo delincuente caído es suficiente para creer.

Es imposible creer en triunfalismos.

Es imposible creer en la derecha, la izquierda o la de en medio.

Es imposible tener “Fe ciega”.

 Al ser imposible creer, es natural dudar.

 Es imposible creer que hayamos llegado a un punto donde sea imposible creer.

     Es imposible pensar que no podemos creer en cambiar. Yo si creo en el poder del cambio, cuando dejen de predominar los argumentos anteriores. Y tú… ¿en qué crees?

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Algunos sarcasmos de esos que origina la duda. Los famosos MEMES o burlas.

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