1998. Radisson Hotels & Resorts. Una experiencia publicitaria de Juan Carlos Poó Arenas.

Del ANECDOTARIO de Juan Carlos Poó Arenas

30 de Enero 2018 / Ciudad de México

Debo confesar que entre mis rubros favoritos en el manejo de su publicidad, se encuentra el sector turismo, especialmente los Hoteles y Resorts, por varias razones, pues además de brindar la posibilidad de viajar, conocer y disfrutar con gastos pagados, se disfruta la hospitalidad y atención VIP durante las visitas de familiarización o ubicación de locaciones, y se generan diversos privilegios que otorga conocer y relacionarte con propietarios y CEOs de los hoteles en las facilidades que te brindan en tus viajes personales. Y a pesar del gran esfuerzo, exigencia y dedicación que requieren sus estrategias creativas y de mercadotecnia, el trabajo es altamente gratificante y muy divertido, sobre todo al entrar en producción de fotografía y video.

Una de mis cuentas favoritas, adquirida al ganar el concurso multiagencias y manejada por nuestra agencia publicitaria Imagia Creativa a cargo de mi amigo Jorge Eduardo García como Director General y atendida por mí como Director Creativo y de Producción de 1996 a 1999 y posteriormente manejada por mi ya independiente agencia publicitaria POÓ GROUP del año 2000 hasta el 2001, fue la marca Radisson Hotels and Resorts, especialmente el padrísimo Radisson Resort Ixtapa, donde nos la pasábamos a todo dar cuando teníamos que ir a tomar fotografías junto con Pepe García.

El último viaje que hicimos juntos lo recuerdo con mucho cariño, y conservo grandes recuerdos de él. Nos divertimos muchísimo. Recuerdo que necesitábamos modelos y no habíamos contratado a nadie, pues las agencias de modelos en la ciudad cobraban una lana que no queríamos incorporar al presupuesto, así como tampoco comprometernos con las regalías de nadie (que por ley deben pagarse cada seis meses), y tampoco queríamos pagar viáticos ni hospedaje de nadie, vamos, no se si no queríamos o no había presupuesto para ello, era una lana. Así que, dispuestos a tomar unas buenas fotos de primera con gente de primera, decidimos resolverlo todo allá. Como yo iba como Director Creativo y de Producción, llevaba simplemente mi cámara de 35 milímetros para las fotos del recuerdo; y ya que Pepe era en esa ocasión el fotógrafo asignado, traía consigo sus maletotas con su super equipo con flashes electrónicos, cámaras de 4X5, rebotadores, cables, baterías, y todo eso que se requiere para fotografía de hoteles (vamos, hasta Gerardo Klein –sí, el actor- se fue como asistente de Pepe con gastos pagados). Todo con tal de pachanga.

El día que llegamos, fuimos recibidos con una espléndida comida de frutas y mariscos, acompañada de cocteles y bebidas exóticas, la cual desde luego no pudimos rechazar –solo por compromiso-, ya que era con el Director del Hotel y le debíamos respeto a su gran hospitalidad… ¡No, la verdad no fue por eso!, pero suena mejor que si digo que no podíamos negar una gorra de ese calibre.

Al terminar de satisfacer nuestros más bajos instintos gastronómicos, procedieron a mostrarnos nuestras habitaciones. Pensé que nos darían una para los tres, pero NO. A mí me tocó una Master Suite (enorme) y a Pepe y Gerardo una Junior Suit (pequeña, y más pequeña se veía con todo el equipo que llevaban). Al sentir sobre mí sus envidiosas miradas de desprecio, solo me limité a decir: “¡Jerarquía mata tooodo! Jajajajajaja”.

Al día siguiente de nuestra llegada, Pepe con propiedad y muy celoso de su deber se dedicó a tomar las fotografías de las instalaciones que no requerían modelos; esas que se emplean en los materiales internos (ya saben, las de lobby, alimentos y bebidas, recepción, salones de conferencias, etc.). Mientras tanto, el buen Gerardo y yo, sacrificadmente nos abocamos a permanecer en la playa y la alberca con el único y altamente responsable objetivo de cumplir la ardua labor de conseguir modelos para las tomas publicitarias. Así que, de manera altamente profesional, nos dimos a la tarea de abordar a cuanta gringa y europea linda veíamos por ahí, para proponer sacrificar medio día de sus vacaciones y ganar la lana que le pagaría toda su estancia en nuestro México Lindo y Querido. Desde luego, debíamos ser muy cuidadosos de no parecer muy formales y no vernos muy ejecutivos, y todo debía resultar de manera casual; así que teníamos que pasar inadvertidos y mimetizarnos con el resto de los huéspedes, con nuestras bermudas floreadas, nuestros torsos llenos de bronceador y nuestros músculos expuestos al sol, lentes obscuros de moda y coctail en la mano…vamos, debíamos infiltrarnos en ese escabroso y peligroso mundo. Y mientras Pepe contaba las horas, los minutos y los segundos para terminar su trabajo del día, nosotros contábamos el tiempo para que no terminara el nuestro.

Al final, todo resultó de maravilla. Pepe concluyó su aburrida tarea y se incorporó a la diversión. Hicimos buenas amistades con muchas personas. Hicimos buenas tomas fotográficas con las modelos. Comimos lo que quisimos, tomamos lo que pudimos (nada con abuso, todo con medida), nos mantuvimos sobrios durante el trabajo, y también nos embriagamos para celebrar el final de la jornada laboral. Así que bailamos, reímos y cumplimos todos y cada uno de los objetivos profesionales  del viaje.

Desde luego conseguimos dos lindas modelos gringas que además, en realidad eran modelos de profesión. Lo que no conseguimos, no se por qué, fuer un modelo masculino. Tal vez porque nunca se nos ocurrió buscar un modelo masculino – jajajajajajaja- . Así que en castigo tuve que ser yo quien posara como modelo para las fotos junto a las gringas, que además de simpáticas y lindas, se convirtieron en buenas amigas.

La campaña, sin falsa modestia, resulto un éxito. Pepe creía que por las fotografías. El cliente pensaba que por el hotel. Pero yo sigo pensando que por el modelo, aunque a veces pienso que por el creativo. En fin. El cliente quedó encantado. Y el recuerdo siempre en el corazón y la experiencia en la memoria.

 

 

Esta última es una de las fotos del recuerdo, donde aparezco con Christine Scott. Y esta sí fue tomada con mi cámara en un 10…9…8…7…¡córrele!

Juan Carlos Poó Arenas.

1996. TAMPAX. Una experiencia publicitaria de Juan Carlos Poó Arenas.

Del ANECDOTARIO de Juan Carlos Poó Arenas

21 de septiembre de 2016 / Ciudad de México

varias010-baja-4-encuadre-2-10x10cm                  Esta foto fue tomada cuando hacíamos una sesión fotográfica y grabábamos un comercial  para TAMPAX, allá en 1996. Aparecemos  a la derecha Jorge Eduardo García -Director de Mercadotecnia-, al centro Samara Garduño -una de las modelos-, en inferior derecha la maquillista (no recuerdo su nombre) y yo (tampoco recuerdo mi nombre) en  la parte superior izquierda.

     Para 1996 (hace solo 20 años), como Director Creativo llevé la publicidad de TAMPAX en México, para la Agencia Imagia Creativa, encargada de manejar la publicidad, mercadotecnia, demostración y ventas de esta marca. No fue nada fácil, asumiendo que en aquellos días los tabús y mojigaterías sociales aunadas a las políticas cuadradas de la marca,  impedían un desenvolvimiento creativo personal en pos de lo vanguardista y propositivo, a su vez encaminado a nuevos y más abiertos enfoques. Por ello, toda la publicidad debía estar basada en la propia experiencia de la marca que caía una y otra vez en la sobriedad, los estereotipos ya aceptados y dirigidos a una aparente sociedad conservadora y las paráfrasis de textos e ideas tan rebuscados como redundantes, vacíos y ambiguos, que caían una y otra vez en no llamar a las cosas por su nombre y nos obligaban a emplear eufemismos absurdos. Así, a la sangre le teníamos que decir “flujo”; a la menstruación “esos días”; a la vagina “parte íntima”. Y para decir que al usarlos no se perdía la virginidad, debíamos limitarnos a decir “no pasa nada”.

Así pues, como buen creativo irreverente a ideas viejas y mentalidades cuadradas, mi intención era –y sigue siendo-  romper las reglas. Sin embargo, con TAMPAX en 1996 fue imposible romperlas y solo pudimos hacer lo mismo que el producto… contenerlas,  pues la publicidad de tampones debía ser tan discreta como el empleo de los mismos. Desde luego, la palabra “regla”, también estaba prohibida.

 Así, mientras a mí me hubiese gustado hacer anuncios atrevidos durante esos días del mes tuve que contener muchas ideas para hacer que nuestros clientes sintieran como que no pasa nada, y mi jefe –el buen Jorge Eduardo García, Director de la Agencia-  con palabras sabias me decía que sumayor comodidad se encontraba en que yo pusiera atención y empeño en  la absorbencia de las políticas de la marca y seguir sus lineamientos al pie de la letra, con lo que nuestra Agencia Publicitaria podría continuar contando con la fidelidad de nuestros clientes por mucho más tiempo”, su beneficios económicos, perfectos para traer en el bolso discretamente, y su “protección en esos días difíciles”. De esta manera, no sangrábamos nuestra cartera de clientes ni nuestra relación con ellos y podíamos hacer ante las crisis como que no pasa nada. Por todo ello puedo afirmar con orgullo que como buen publicista, para experimentar la creatividad  “con libertad” me ponía un tampón en mi ingenio para obtener la experiencia de marca y publicitar el producto con fidelidad y confianza hacia él.

Para 1997, nos vino la menopausia empresarial y nos la pelamos con TAMPAX, pues Procter & Gamble (P&G) –emporio multinacional- compró la marca y literalmente nos dio “el reglazo”, pues adjudicó la cuenta publicitaria a su enorme Agencia transnacional, aquella de cuyo nombre no quiero acordarme. No obstante, a partir de esa despedida obligada,  nuestra Agencia se hizo la OVH con los productos femeninos  y se abocó a la búsqueda y prospección de nuevos clientes, algunos de productos de consumo, pero en su mayoría del sector turismo, y en poco tiempo  creció como espuma en un jacuzzi. Pero esa es ya otra historia.

Hoy, revisando algunos cuadernos de apuntes creativos de aquella época, me encuentro con ideas algo tontas y alocadas como estas, para la marca  TAMPAX:

IDEA 1

Dibujo Plano 1. Una cavernícola desesperada, vestida con atuendo de leopardo y cabello largo y desaliñado,  dando golpes a su esposo cavernícola con un mazo en la cabeza iracunda (por estar menstruando). 

Dibujo Plano 2. Esposo cavernícola ofreciendo a su esposa como tributo un tampón hecho con pelo de mamut.

Dibujo Plano 3. Esposos cavernícolas abrazados con leyenda “Con TAMPAX… No pasa nada”.

IDEA 2

Imagen de una regla regla midiendo un tampón. Leyenda: “Los beneficios ocultos siempre y por mucho, serán mayores que su pequeño tamaño aparente”.

IDEA 3

Fotografía Plano 1. Primer plano de una muñeca de porcelana con cara de malvada (tipo muñeca embrujada) sentada de frente con el vestido sucio,  los ojos desorbitados y el rostro desfigurado de ira. (Tipo Chuckie)

Fotografía Plano 2. Primer plano de una muñeca de porcelana con el vestido inmaculado, cara angelical y sonrisa dulce. Leyenda: “Con TAMPAX… No pasa nada”.

IDEA 4

Fotografía Plano 1. Big Close Up de un ojo femenino con pupila altamente dilatada y  ojos rojos con lágrimas.

Fotografía Plano 2. Big Close Up de un ojo femenino con pupila relajada. Leyenda “Con TAMPAX… No pasa nada”.

Estas solo son las cuatro primeras anotadas de otras 50 ó 60, pero no son las mejores, pues apenas comenzaba a calentar la cabeza y las ideas. Pero esas y las otras, se quedan en el baúl de lo que pudo ser y no fue.

juancarlospoo-tampax1996-1bajaAsí era la publicidad para los creativos. No siempre nos salimos con la nuestra.  Sin embargo, aprendemos los motivos por los que no siempre un cliente inteligente aprueba ideas inteligentes. Hay mucho en juego y una marca no se juega su reputación tan fácilmente. Y como publicistas, la obligación siempre debe ser para la marca y no para los egos personales. Tal vez por ello y después de tantos años como creativo y asesor para otros, decidí trabajar para mi propia marca. Así, cuando uno de mis yos se endurece y se quiere portar cuadrado y mamón, el otro se porta  algo flexible y le da atención al ego pasional. Y así los tengo contentos a ambos por el bien de mi marca.

De 1996 a hoy, la sociedad ha cambiado drásticamente pero la comunicación masiva y la publicidad siguen atendiendo a sus propios intereses. Así, en el siglo XXI (hoy 2016) –fecha espacial 5474.5 bitácora del capitán Poó-, mientras la publicidad y los medios en general están repletos de libertinajes y obsesivos permisos para los excesos, también se encuentran llenos de hipócrita mojigatería censurante, haciendo que las palabras “lesbiana”, “bisexual”, “transexual” “placer”, “sexo”, “sexualidad”, “sexo oral”,  “preferencia sexual” y “aborto”, sean más comunes y menos fuertes para las niñas y  adolescentes que las palabras “regla” y  “menstruación”, y se les invita y orienta más al empleo de “condones” de todos colores y sabores que a prevenir la conservación temprana de la “virginidad”.  Por eso tantas niñas pequeñas y adolescentes embarazadas se han convertido en un problema de salud pública en México y otros países.

Así que mientras la ridícula censura de unos propicia la ostentosa libertad de otros, recordemos que:

“Con TAMPAX …No pasa nada”

Juan Carlos Poó Arenas